Un hombre de verdad

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: La verdadera masculinidad es ser tierno y compasivo, protector y defensor de la vida. No es ser un depredador o abusador. Debemos ser padres leales y mentores de otros. Dios nos ha hecho para descubrir y proteger la vida. Si escogemos la ternura y el carácter manso de Jesús, también recibimos su fortaleza y poder. Necesitamos una masculinidad generosa para el bien de nuestra sociedad y para nosotros mismos. Dios nos bendecirá y renovará para compartir aún más.

La inclinación natural de un hombre emocionalmente saludable es ser tierno y misericordioso. El hombre poseído por un sano sentido de identidad personal por naturaleza es protector y compasivo. Dios nos ha hecho protectores, nos ha hecho defensores de vida. Un hombre que es un depredador, un abusador o un opresor, está viviendo una vida deforme, fuera de su verdadera naturaleza.

El hombre que tiene el corazón de Dios y la masculinidad sana de Dios es un protector de vida. Cubre, defiende, se para enfrente del peligro y provee para los suyos, y los bendice. Se quita la comida de la boca para dársela a su esposa, a sus hijos. Eso es un hombre saludable y masculino. No es el que anda por ahí como un macho padrote sembrando hijos a diestra y siniestra, o imponiendo su masculinidad agresivamente en el seno del hogar. Eso es lo que el mundo nos enseña. Pero el hombre verdaderamente sano es misericordioso y compasivo. Bendice al débil; se tira encima del desamparado para cubrirlo del proyectil que viene. Eso es un hombre sano, y esa es la naturaleza de Jesús.

Tenemos que ser padres ferozmente leales a nuestros hijos, nuestras esposas, nuestros hogares, nuestros vecindarios. Tenemos que mentorear a otros y ser tutores de otros. Quizás tú no seas padre biológico hoy, pero de todas maneras Dios quiere que seas padre espiritual de alguien, que los cubras con tu masculinidad sana y fuerte. Dios tiene un propósito para tu vida, y eso es descubrir y proteger vida. Dios quiere que seas un canal de su gracia aquí en la tierra, que encarnes la naturaleza tierna y compasiva de Jesucristo, su masculinidad balanceada.

Dios quiere padres así, que sean cubridores, protectores de alguien, de algo. El mundo necesita ese ejemplo, y si nosotros nos comportamos así Dios va a bendecirnos, va a prosperarnos, va a fortalecernos. Nos dará una vejez vigorosa, lúcida, alegre, porque lo que nosotros sembramos en la juventud luego nos bendice más adelante, y esa bendición divina continuará reverberando a través de las generaciones futuras.

Hay una bendición para nosotros, hombres, cuando escogemos la ternura antes que la imposición y la fuerza bruta. Cuando escogemos el carácter manso y tierno de Jesús, la fortaleza y el poder de Jesús también pasan a ser parte de nuestra constitución personal.

Por el bien de nuestra sociedad, y por el nuestro mismo, escojamos una masculinidad generosa. Seamos padres tiernos y generosos, esposos atentos y cariñosos, mentores siempre dispuestos a compartir nuestro tiempo y talentos con alguien que los necesite. Dios no se cansará de bendecirnos y renovarnos, para que tengamos aun más que compartir.