¡Haz tu parte!

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: Dios prometió darles la tierra a los israelitas, pero quería que ellos la exploraran y conocieran las condiciones para estar preparados para la oposición del enemigo. De la misma manera, en nuestra vida espiritual, antes de recibir las promesas de Dios, debemos vencer la oposición que viene de nuestra propia carne, de personas cercanas, de hábitos del pasado y de los afanes del mundo. Debemos reconocer y derribar esos enemigos para entrar en la bendición de Dios.

A pesar de la promesa de Dios a los israelitas de que ya Él les había entregado la tierra, Dios esperaba que ellos la exploraran, conocieran bien sus características, a fin de estar bien preparados cuando viniera la oposición del enemigo.

Dios quería que estos hombres entraran a la tierra y que la poseyeran. Dios les había dicho: “Esa tierra es de ustedes”. Estaba comprometido con ellos. Pero cuando ellos entraran iba a haber allí tribus enemigas que los estarían esperando. Iba a haber guerras; habría luchas, y Dios quería que ellos estuvieran preparados.

No se trataba de un paseo alrededor del parque. Dios no iba simplemente a matar al enemigo y los hebreos iban a entrar y poseer la tierra como si nada hubiera pasado. No, ellos tenían que hacer su parte también. Tenían que estudiar las condiciones, tenían que prepararse porque iba a haber batallas y pérdida de vida hasta conquistar la tierra.

Hermanos, yo creo que así pasa en nuestra vida también. Dios ha declarado ciertas cosas sobre nuestra vida, pero no es como que el diablo se va a quedar tranquilo esperando pasivamente a que nosotros entremos y tomemos todo lo que Dios ha declarado.

¿Cuántos saben que hay oposición y lucha en la vida del cristiano? Antes que se realicen las promesas de Dios, tendremos que vencer la oposición. A veces, nosotros mismos en nuestra propia carne vamos a oponernos a las bendiciones que Dios quiere entregarnos. Gente que nosotros amamos va a oponerse a que nosotros entremos en las bendiciones de Dios.

¿Cuántos hermanos se convirtieron al Señor y enseguida el primer enemigo que tuvieron fue gente de su propia familia, de su propia casa?

A veces vienen las oposiciones a nuestra vida desde nuestro propio interior. A veces nuestros propios hábitos, las ataduras emocionales y mentales que tenemos del pasado, cuando entramos a los caminos del Señor, obstaculizan las promesas de Dios para nosotros.

Dios quiere darnos bendiciones y limpiar nuestra tierra y organizar nuestra vida. Pero hay heridas del pasado, cosas emocionales que nos atan, depresiones, temores, complejos de inferioridad, ataduras a gente, a ambientes.

¿Cuántas personas quieren entrar en los caminos de Dios y aman tanto la sociedad y el prestigio y no quieren entrar en los caminos de Dios porque los afanes del mundo, como dice la parábola de Jesucristo los mantiene alejados? Quieren, la palabra cae en ellos, sienten amor. Cuando van a la iglesia lloran, sienten gozo por el Señor pero hay enemigos adentro y enemigos afuera que se oponen a que esa gente entre a los caminos del Señor. Tenemos que reconocer y nombrar esos enemigos, y luego proceder a derribarlos y vencerlos uno a uno a lo largo de nuestra vida.

Y será mejor que entiendas esto, que estudies y espíes la tierra dentro y alrededor de ti. Los hebreos tuvieron que hacer un reconocimiento detallado de la tierra. Tenían que conocer tanto lo bueno que había en la tierra como también los enemigos que había en ella, para que cuando entraran a la realidad de esa lucha estuvieran preparados. Y yo creo que así tenemos que hacer nosotros. Tienes que hacer tu parte para entrar en la bendición de Dios. Si haces tu parte, puedes estar seguro que Dios hará la suya.