Un Velo en el Corazón

Milagros García Klibansky

Autor

Milagros García Klibansky

Resumen: No debemos dar más importancia al aspecto externo que a lo que guarda nuestro corazón en nuestra relación con Dios. Respetemos las decisiones personales de cada hermano en la fe, no seamos piedras de tropiezo ni pongamos cargas pesadas en los débiles en la fe. Debemos allanar el camino, no hacerlo más tortuoso. Dios quiere nuestro corazón completo y desnudo, no necesitamos un velo en la cabeza para mostrar respeto si nuestro corazón no ha sido entregado por completo a Él.

Hace un tiempo recibí un pedido de consejería de una hermana que se congregaba en una iglesia en la cual le exigían usar un velo. Ella no sentía en su corazón el hacerlo y se sentía muy desanimada porque temía desagradar a Dios si no lo usaba.

Esto llamó mi atención y me percaté de cuánto aún somos capaces de dar más importancia al aspecto externo que a lo que guarda nuestro corazón.

Especialmente en una comunidad mundial como Dios Habla Hoy, donde personas de diferentes tradiciones de adorar a Dios participan, nos conviene considerar las sabias palabras del apostol Pablo de no caer en discuciones que no valen la pena (Tito 3:9, 2 Timoteo 2:14). Yo respeto a ambos: A la mujer que decide llevar un velo para mostrar su fe, si ella decide hacerlo por su desición, no por imposición humana. Tambien respeto a la hermana que decide no llevar un velo respaldada por su fe en Cristo que nos ha dado libertad.

Dios nos va guiando en la medida que profundizamos en nuestra relación personal con Él y va quitando y poniendo en nosotros cuanto convenga para que podamos glorificarle. Él va escogiendo lo que sirve en nuestra vida y lo pule hasta dejarlo limpio y brillante. Lo que no sirve para que podamos ser instrumentos de valor para su obra, eso lo quitará como poda el jardinero las ramas inútiles de un árbol para que este pueda seguir creciendo con fuerza y se convierta en un árbol frondoso que dé buenos frutos.

Hermanos, no seamos piedras de tropiezo al hambriento de la palabra. No pongamos pesadas cargas en los hombros de los débiles en la fe. No impidamos el libre fluir del Espíritu en una nueva vida que comienza a caminar de la mano de Dios.

Toca a nosotros allanar el camino, no hacerlo más tortuoso de lo que ya es.

Hasta el velo del templo se rasgó el día en que nuestro Señor entregó su vida por nosotros.

¿De qué nos vale tener un velo en la cabeza en señal de respeto cuando nuestro corazón no ha sido entregado por completo a nuestro Rey y Soberano?

No pongamos velo a nuestro corazón, Dios lo quiere completo y desnudo.

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