Se buscan profetas

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: A pesar de que habrá personas que rechacen el mensaje del Evangelio, debemos seguir predicando y llevando la luz de Cristo a los demás. Como el apóstol Felipe, debemos buscar a aquellos que tienen la Palabra cerca pero necesitan que se les explique el significado del Evangelio. Depende de nuestra voluntad el compartir a Cristo con los demás y confrontar la verdad sin temor al rechazo. Debemos abrazar la teología de la misericordia y la piedad y obrar en justicia para servir a los que sufren en el mundo. No podemos ser indiferentes ante la realidad de la pobreza y el sufrimiento en el mundo y debemos ser instrumentos de Cristo para llevar su amor y salvación a aquellos que lo necesitan.

Habrá multitudes, a pesar de nuestra predicación, que decidirán no escuchar el mensaje o rechazarlo conscientemente. Dios no los enviará al infierno, sino ellos mismos lo harán; lo de nosotros es tratar con las tinieblas como hizo Cristo e intentar una y otra vez

, que nuestro prójimo sea llevado a la luz por el poder del Evangelio. No hemos sido enviados al mundo por Jesucristo para vivir para nosotros sólo, sino para glorificarle en todo y predicarle a “los etíopes”.

Dios envió al apóstol Felipe a buscar al etíope (Hechos 8.26–39). El etíope estaba buscando a alguien que le explicara la Escritura. Fue un acto soberano de Dios inquietar al etíope para recibir y entender la Palabra y un acto de la voluntad de Felipe, guiado por el Espíritu, abordar al etíope y anunciarle el evangelio de Jesucristo. Fue un encuentro divino que culminó con la conversión y bautismo del etíope.

En infinidad de ocasiones, personas a las que nos acercamos por esa comezón que te da el Espíritu de anunciar el Evangelio, te paran en seco y te dicen que desde niño tienen una biblia en su casa, que la han leído muchas veces y que no hace falta que les sermonemos “lo que ya conocen” desde hace tiempo. Estos son los menos. Los más son los que admiten que en su casa hay biblia desde siempre, pero pocas veces o nunca se han interesado en saber de qué se trata, o simplemente se declaran ateos acérrimos que no quieren saber nada de Dios porque el tal no existe.

Todos conocemos a personas que, como el etíope, tienen la Palabra “en sus manos” o en un sitio cercano y sin embargo anhelan encontrar a alguien que les explique de qué trata y les hable de la fe salvadora y la persona de Jesús. Depende de ti y de mí. Hay un mundo volcado a la religiosidad, no importa el Dios al que se le rinda culto, ni los sacrificios que haya que hacer. Lo importante es montarte en el tren de la falacia para estar a tono con las tendencias. Las personas ya no solamente niegan a Dios, sino que ni siquiera temen a las consecuencias de vivir dándole las espaldas. Si no le predicamos al Dios verdadero, se van con el primer dios que encuentren a su paso. Estoy seguro que Ud. tiene a unos cuantos etíopes en su familia, conocidos y amigos que están esperando que Ud., deliberada y conscientemente, le explique sobre las verdades del Evangelio.

A veces depende de nuestra voluntad el hablar de Cristo a otras personas. No deseamos que nadie nos rechace en el empeño de la presentación de las Buenas Nuevas, como si fuéramos nosotros los autores de la fe y los apóstoles que intentan quedar bien con quienes le escuchan. Si hubo una persona a la que no le preocupaba quedar bien con las multitudes era al propio Cristo. Confrontaba a sus coetáneos con las armas de la verdad sin temor a ser rechazado. Enseñaba en las sinagogas e invitaba al arrepentimiento a aquellos que se titulaban expertos de la Ley. En cierta ocasión fue expulsado por los nazarenos quienes ante Su predicación, se sintieron señalados por Jesús de ser indignos de merecer los favores de Dios. En aquella predicación dijo que ningún profeta era bien recibido en su propia tierra (Lucas 4:24). En este mismo pasaje de Lucas dice la Palabra: “Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron. Se levantaron, lo expulsaron del pueblo y lo llevaron hasta la cumbre de la colina sobre la que estaba construido el pueblo, para tirarlo por el precipicio”. (Lucas 4:28-29). Finalmente Jesús escapó milagrosamente. Todavía hay multitudes que temen a su Palabra por el temor de ser confrontados.

Dios no puede ser domesticado. El Cristo que amamos no puede ser acomodado a nuestras necesidades y deseos. Muchas personas cierran sus oídos al mensaje de salvación porque este no se ajusta a sus carencias y a sus ambiciones, ni hay en sus corazones el deseo de servir y ayudar a aquellos que sufren porque hay otros que les tienen el pie encima. Por eso es vital para el cristiano confrontar lo mal hecho, obrar en justicia y abrazar la teología de la misericordia y la piedad. Todo eso es cristianismo, todo esto es el Evangelio.

No hay desiertos si estamos en Cristo. Él es irresistible. No tenemos derecho a cejar y a deponer las armas que nos da su Evangelio. No podemos ser indiferentes ante la triste realidad de los más de mil millones de personas en este mundo que se acuestan diariamente sin haberse llevado bocado al estómago, ni ante los más de 100 millones de niños que pernoctan sin amparo por las calles de Calcuta, Manila, New York, Río de Janeiro, Manila, Bangkok y otros sitios de la gran viña del Señor. Muchos de ellos son como el “etíope” del pasaje de Lucas y necesitan que le hablemos de Cristo. Para otros las Buenas Nuevas podrían llegar convertidas en un trozo de pan que calme el hambre y la desesperación. Jesús puede hacerlo, pero necesita de ti y de mí.

¡Dios te bendiga!