Tu actitud determinará tu destino

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: Tu actitud determina tu destino. Si tienes una actitud negativa, de limitación y pequeñez, nunca podrás alcanzar la grandeza. Si crees en un Dios poderoso que está contigo, te atreverás a emprender cosas y enfrentar los contratiempos. La visión y la capacidad para imaginar cosas vívidamente tiene un poder extraordinario para determinar el curso de nuestra vida. Si lo que emprendemos viene de Dios, Él lo respaldará y las dificultades se desvanecerán. La mentalidad de suficiencia y poder en Dios es necesaria para alcanzar nuestros objetivos. Tu actitud determinará tu destino.

Tu actitud determina tu destino. Si tú tienes una actitud de limitación, de pequeñez, de que cualquier contratiempo te agota y te cansa y te destruye, e interpretas cualquier fracaso como indicio del descuido de Dios, no podrás jamás alcanzar la grandeza o la significancia. Y si te ves a ti mismo como algo pequeño, que no tiene, que no sabe, que no puede, tu vida va a seguir ese camino.

Ahora, si tú crees que tienes un Dios grande, poderoso, que habita dentro de ti, y que es el poder de Dios el que te lleva a la victoria, tu vida probablemente va a ser muy diferente. Porque te vas a atrever a emprender cosas.

Muchas veces, nuestro destino depende de lo que se da en nuestra mente. La visión, la capacidad para concebir e imaginar las cosas vívidamente, tiene un poder extraordinario para determinar el curso de nuestra vida. Si podemos creer intensamente que Dios está con nosotros y que está comprometido a bendecirnos y sacarnos adelante en la vida, nos atreveremos a vivir vidas creativas y emprendedoras. Cuando vengan los contratiempos, en vez de dejar caer los brazos apelaremos al Padre, redoblaremos nuestros esfuerzos, buscaremos una solución, y nos lanzaremos de nuevo a la tarea hasta prevalecer.

¿Cuántas veces emprendiste algún proyecto pensando que no iba a resultar y saliste airoso?

Con el tiempo he aprendido a no darle demasiada mente a las dudas que inevitablemente me acosan cuando voy a emprender un proyecto de gran envergadura. Comprendo que esta es una aflicción de mi temperamento, de mi carácter melancólico, que tiende a enfocarse frecuentemente en los peligros y las dificultades que son parte inherente de todo proyecto importante. Más bien, me enfoco en Dios. Me pregunto si lo que voy a emprender viene de Dios, si estoy en su voluntad, si lo que quiero emprender es del Espíritu o de mi carne. Si viene de Dios, por fe tengo que creer que Él lo respaldará, y que las dificultades se tendrán que desvanecer como las nubes oscuras ante la llegada del sol. ¡Más fuerte es el que está en nosotros que el que está en el mundo!

Siempre tengo que decidir si voy a dejar que el razonamiento humano rija mis decisiones e iniciativas, o si me dejaré llevar por una lógica superior, la lógica de la fe y del Espíritu. La sabiduría de Dios frecuentemente aparece como locura a la lógica meramente racional. Aunque mi mente caída a veces me dice, “Esto tiene muy pocas probabilidades de resultar”, si estoy alineado con Dios apelo a la mentalidad de suficiencia y concluyo: “Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece”.

De los doce líderes que Dios envió a través de Moisés a reconocer la tierra prometida, diez de ellos regresaron con un reporte negativo, y dos de ellos tenían un “espíritu diferente”, dice la Biblia. Sólo José y Caleb regresaron con un reporte positivo. Le creyeron a Dios y dijeron, “Nosotros vamos a entrar en esa tierra porque Dios nos la ha entregado”.

Josué y Caleb ejemplificaban una mentalidad de suficiencia, de abundancia, de fuerza en Dios, de poder en Dios. Y esos otros diez hombres encarnaban esa mentalidad pusilánime, de carencia, una mentalidad de ratón, que no podía remontarse más allá de los problemas y las dificultades que se imponían delante de ellos.

Su mentalidad, su autoestima, su auto-imagen, cómo ellos se veían a sí mismos, determinó su actitud ante la promesa de Dios, y finalmente su destino. Porque de esos doce príncipes que salieron a espiar la tierra, sólo dos entraron a disfrutar de los tesoros que ella contenía. Los otros diez murieron de plaga porque ofendieron a Dios con su desobediencia y su actitud negativa. Tu actitud determina tu destino. ¿Cuál actitud vas a permitir que rija tu vida?