Buena semilla, pero mala tierra

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: El Capítulo 13 de Números relata la historia de los hebreos que se preparan para entrar en la Tierra Prometida. A pesar de los buenos propósitos de Dios, la primera generación de hebreos no pudo entrar debido a su incredulidad y falta de fe. Solo Caleb y Josué, quienes le creyeron a Dios, alcanzaron la bendición. Debemos ser como ellos y convertirnos en tierra fértil para recibir las semillas de bendición que Dios quiere plantar en nosotros.

En el capítulo 13 del libro de Números tenemos la conocida historia de cuando los israelitas están en el desierto, y Moisés envía espías para reconocer la tierra de Canaán antes de entrar en ella e invadirla.

Antes de llegar al desierto, los hebreos habían vivido varios siglos en Egipto, parte de ese tiempo como cautivos. Habían sido esclavos, y en realidad Dios había permitido que ellos moraran en Egipto sólo mientras crecían y se convertían en un pueblo numeroso y viable, para luego sacarlos y llevarlos a la Tierra Prometida.

Los hebreos crecieron numéricamente, y llegó el momento en que ya habían alcanzado un número muy grande—más de un millón de personas—y Dios decidió sacarlos de Egipto. Y el Señor—todos recordamos la historia—envió a Moisés como libertador y libró al pueblo hebreo de las garras de los egipcios.

El propósito de Dios era llevarlos a Canaán, una tierra que Él les tenía reservada en otra parte del Medio Oriente. Y allí el Señor tenía preparada una gran bendición para ellos, gran provisión, gran abundancia para su pueblo. Una tierra, dice, que fluía leche y miel—de gran abundancia.

Dios había decretado que las tribus, las naciones que poseían esas tierras de Canaán, debían ser exterminadas, tenían que ser extirpadas de la tierra por su gran maldad, su gran pecado. Se habían corrompido moralmente con sacrificios humanos, grandes perversidades sexuales, todo tipo de corrupción. Y Dios había decretado que esas naciones tenían que ser expulsadas de la tierra para que esta fuera entregada a los hebreos.

Sabemos también que Abraham, ya siglos antes de que los hebreos fueran a Egipto, cuando era simplemente un hombre nómada, había recorrido esas tierras y las había marcado para Dios y su pueblo futuro.

Siglos atrás, ya Dios tenía el propósito de entregarle esas tierras a su pueblo, y todo lo que vino entre la jornada exploratoria de Abraham y la llegada de los hebreos a Canaán fue simplemente la preparación de Dios, a través de la historia. Dios fue preparando el escenario para que finalmente los hebreos pudieran llegar a la tierra prometida.

Y aquí tenemos entonces en el Capítulo 13 de Números que ya los hebreos están bien cerca de entrar a Canaán. Han salido de Egipto y ya todo está preparado para que ellos entren a la tierra que Dios les tiene destinada. Ya Dios tiene el propósito de que así sea.

Observemos esto: los hebreos están ya al borde mismo de entrar en la bendición, la herencia que Dios les tiene preparada desde la fundación del mundo.

En el futuro veremos que, a pesar de los buenos propósitos de Dios, esa primera generación de hebreos que salió de Egipto no pudo entrar en la bendición que Dios le tenía destinada. Todos murieron en el desierto.

Por cuanto hubo incredulidad en ellos, no pudieron entrar en el reposo de Dios. Sólo Caleb y Josué alcanzaron la bendición, porque le creyeron a Dios. Queremos ser como Caleb y Josué. Queremos ser buena tierra, para que cuando caiga la palabra de bendición en nosotros, encuentre una actitud de fe lista para recibirla y permitirle crecer.

Deseo que crezcas en tu fe, y te conviertas en tierra fértil para las semillas de bendición que Dios quiere plantar en ti.