
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La autora llevaba una carga pesada en un ómnibus y observó a un hombre leyendo la Biblia, pero él no le ofreció ayuda. La autora reflexiona sobre la importancia de ayudar a los demás y ser sensibles a las necesidades de aquellos que nos rodean. También enfatiza que nuestro propósito en la vida no es solo esperar la venida de Cristo, sino también llevar a otros con nosotros hacia el cielo.
Hace unos días insté a mis compañeros de trabajo a hacer una celebración, el principal objetivo era hablarles del verdadero significado de Navidad este período del año en que todos celebran y muchos no saben qué están celebrando.
Se me ocurrió hacer también un buzón en el cual todos dejaran mensajes de amor y edificación, pues aunque algunos de ellos no han aceptado aun a Cristo, sí conocen por predicación y testimonio de que se trata y ya dos de estas familias se han convertido, para gloria de Dios.
El día en cuestión me levanté y me fui bien cargada para el trabajo, pues llevaba una ensalada fría, la pasta de bocaditos, platos, la cámara fotográfica, en fin, todo pesaba una enormidad. Con dificultad subí al ómnibus y no había asientos libres, pero observé a un hombre que iba sentado y recibí una agradable sorpresa, ¡Estaba leyendo la Biblia!
Me alegra sobremanera siempre que me encuentro un hermano, es una bendición que Dios nos da y cuando nos identificamos sentimos que estamos en familia. Me acerqué aun más y me paré justo a su lado, mi mochila y la jaba que llevaba en la otra mano lo tocaban, pero, para decepción mía, él no levantó la vista de la lectura. Durante todo el trayecto mis manos me dolían y suplicaba porque al menos me mirara, ni siquiera quería que se levantara, solo quería que me ayudara y aliviara mi pesada carga.
Ya en el momento de bajarme le toqué en el hombro y le dije: -Dios le bendiga mi hermano, que bueno es leer la palabra de Dios, pero cuan bueno hubiese sido que me ayudara y llevara mi carga. El sonrió tímidamente y yo me bajé.
¿Has vivido una situación parecida alguna vez? ¿Has sido tú el que lleva la carga o el que va sentado? Piénsalo por un momento, hasta que punto nos enajenamos y nos perdemos la bendición de ayudar a otros con sus cargas.
Es bueno leer la palabra de Dios, pero el mundo alrededor nuestro tiene que recibir el fruto del estudio de ella. Es bueno ir por la calle escuchando alabanzas con audífonos puestos, pero no podemos desentendernos de los necesitados de ayuda. No podemos ir por la vida como si no fuéramos parte de ella.
Alrededor nuestro hay personas con cargas más pesadas que la que yo llevaba aquel día y no podemos andar distraídos, estamos aquí para ayudar y servir, no para enquistarnos. No somos de este mundo, pero mientras estemos en él debemos alumbrar allí donde estemos, ya sea en un ómnibus, nuestro trabajo, escuela o en nuestra propia casa.
La insensibilidad no es un atributo de nuestro Dios, Él está disponible y atento las 24 horas del día, el no duerme mientras sus hijos sufren. Él toma nuestras cargas y nos libera de su peso.
No estás en esta tierra solo para esperar la venidera, estás aquí para que no pases solo, sino para que arrastres una multitud contigo. Las moradas celestiales esperan por ti, trata de que no queden capacidades vacías.
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