
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Existen dos tipos de creyentes: aquellos que tienen una mentalidad de suficiencia, confiando en las promesas de Dios y en su gracia y favor, y aquellos que tienen una mentalidad de carencia, enfocándose en los obstáculos y problemas en lugar de ver la provisión de Dios. La mentalidad que adoptes determinará el destino de tu vida.
Hay dos tipos de creyentes. Hay un tipo de cristiano que le cree a Dios, y mira la vida y las oportunidades a través de sus promesas. No se enfoca tanto en las circunstancias como en la gracia y favor que reposa sobre su vida, porque Jesús ha prometido estar con él “todos los días, hasta el fin del mundo”. Ese tipo de creyente evidencia lo que yo llamo una mentalidad de suficiencia.
¿Qué quiere decir una persona que tiene una mentalidad de suficiencia? Es la persona que como el apóstol Pablo, declara: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Esa es la persona que camina la vida confesando, “en Dios yo tengo lo suficiente, y aun más de lo que necesito, para los retos y luchas de la vida”.
Es el creyente que se ve a sí mismo como en posesión de un gran saco de bendiciones y de recursos. Es la persona que puede decir como el apóstol Pablo: “Dios me ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”.
Esa persona tiene una actitud de suficiencia. Es suficiente en Dios. Cuando vienen las carencias, los problemas, las dificultades, los obstáculos a su vida, se enfoca más en el poder de Dios con el cual cuenta, que con las limitaciones que se interponen en el camino.
Esa es la mentalidad de suficiencia. No una mentalidad superficial que mete la cabeza en la arena como el avestruz, creyendo que si ignora el peligro lo hará desaparecer. No es que ignore las complejidades y los problemas, sino que a pesar de las complejidades decide confesar, “Dios es más poderoso que mis debilidades y mi carencia. El es fiel para sacarme adelante”.
Hay otro tipo de cristiano que evidencia lo que yo llamo una “mentalidad de carencia”. Ese es el tipo de cristiano que se enfoca en las limitaciones, en los obstáculos, en los peligros y en los problemas. Pero no ve la provisión de Dios. Es el tipo de persona que cuando va a entrar a su tierra prometida, cuando contempla lo que Dios le ha declarado y le ha prometido dice, “Hmm, sí, pero yo no estoy seguro si es verdad o no. Y, ‘yo he visto que fulanito sirvió al Señor muchos años y no le fue bien’. Y, ‘míralo ahí como está, pobrecito, en esa casita toda destartalada’; y, ‘qué bueno, pero yo traté una vez y me fracasó’. Y, ‘yo no tengo educación; y, ‘eso es quizás para la gente que tiene mucha fe’”, etc. Una duda, una objeción tras otra desbarata la gloriosa obra que Dios quiere hacer con este tipo de persona.
Es la persona que cuando se convierte y tiene un accidente automovilístico, dice “¡Ah, bueno! Si es así yo no voy a entrar al Evangelio, porque me iba mejor cuando estaba afuera de la iglesia”. Es la persona que cuando entra al Evangelio a los seis meses lo botan del trabajo y ya tira la toalla porque “cuando yo estaba afuera me iba mucho mejor”. Es el tipo de persona que solamente se enfoca en el problema, las dificultades y no mira la promesa de Dios.
El destino de tu vida, la curva de tu vida, si ha de ser ascendente o si va a ser simplemente plana, o si va a ser decadente, será determinado por cuál de esas dos mentalidades tú cultives. Cuál de esas dos posturas mantengas erguida y adoptes como el lema de tu vida.