
Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: En esta Navidad, recuerda que Dios te está esperando con brazos abiertos si te has alejado de Él. Él te perdona y quiere bendecirte de nuevo. No te detengas por el éxito aparente que tienes sin Él. Es tiempo de arrepentirse y volver a su amor. ¡Feliz Navidad y que Dios te bendiga!
Si Ud. ha llegado hasta esta Navidad sintiéndose como el hijo pródigo cuando este quiso conocer el mundo y malgastó su herencia, deténgase y escuche. ¡Papá le está esperando! ¿Puedes creerlo? Sí, por eso Cristo nació allá en Belén y también, cuando Él lo quiso, en tu corazón. No te contengas; hay leña en el fuego de Su hogar y ya está preparando las nuevas vestimentas para cubrirte doblemente después del abrazo. Hay fiesta en su corazón por tu regreso. Su tristeza se esfumó cuando supo que volviste a pensar en Él, en su cuidado y en el descanso seguro que le dio a tu vida mientras permaneciste a su lado. ¿Qué anduviste por tu cuenta y malgastaste sus bendiciones? No te culpes tanto. Piensa en sus brazos abiertos y su cálida mejilla el día aquel que le diste el primer beso filial de niño agradecido, feliz de su presencia en tu vida. Él sabe que en el fondo de tu corazón, tú no le has olvidado.
¿Qué te detiene? ¿El éxito aparente que disfrutas sin Él? ¿Tus riquezas y bienes alcanzados con las muchas bendiciones que alguna vez te dio? ¿Acaso las guirnaldas de colores de tu arbolito de Navidad no te deja ver la Cruz? Medita sólo un poco. ¡Papá te está esperando!
Hay muchos hijos pródigos que andan por ahí, como barcos sin dirección. Llenaron sus bolsillos de bendiciones y se marcharon a recorrer el mundo olvidándose de quien se los llenó. Después que comieron algarrobas de los cerdos (Lucas 15:17) y llenaron sus estómagos de piltrafa, Él brinda otra oportunidad. Papá está ahí, cercano. Algunas veces se asoma a la puerta porque presiente tu regreso, pero vuelve a sentarse en el portal de sus perdones ceñido a la esperanza de un nuevo intento tuyo de volver a sus brazos cuando ve que no tomas la mejor decisión. ¿Por qué no le llamas otra vez? ¿No recuerdas que Él conoce tu voz? Es Navidad, es imposible que te hayas olvidado del todo de aquellos villancicos que cantabas de niño, del abrazo de tus hermanos en la iglesia, de la limosna que diste a aquel mendigo que se cruzó contigo y que te recordó la misericordia de Dios, tan cercana a nuestros sentimientos en estos tiempos de Navidad.
Es Navidad y Papá vuelve a asomarse para ver si vienes. Él no quiere cenar sin ti, sin antes extender su perdón y volver a bendecirte y duplicar sus favores. Es Navidad y Papá quiere tener a todos sus hijos alrededor de su mesa. Ya no necesitas comer de las migajas. Mira lo que dice nuestro hermano Juan: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. (1Juan 1:9).
Navidad es perdón. Te recuerdo que Cristo nació, murió y resucitó. Esos tres eventos son el himno que Él compuso para ti y para mí. “Consumado es” fue su grito de esperanza para cada uno de nosotros. Él lo hizo todo en la Cruz. Nos perdonó (Efesios 1:7), nos hizo justicia por su sangre derramada (Romanos 5:9), nos reconcilió con el Padre (2 Corintios 5:19) y como si fuera poco nos dio Su vida para que podamos compartir la nuestra enteramente con Él. Todo esto procede de la cruz y es el maravilloso significado de esta frase. Todas nuestras deudas fueron canceladas. El Señor las pagó sin reparar en nuestro pecado. Por todo eso Él puede ofrecer perdón a todo pecador que quiera venir a Él, y a cada hijo pródigo que decidió buscar ventura apartado de su amor y hoy se consume por un abrazo de su Dios y no se decide a regresar a Él.
Es Navidad. ¿No ves la estrella de Jesús guiándote otra vez al redil de pastos suaves y ríos de miel? No tardes hermano(a) mío(a). ¡Papá te está esperando! Esta puede ser una Navidad diferente, memorable. No te resistas más. Desde este lado del mundo, un hermano tuyo estará celebrando tu regreso. ¡Por nada de la vida quiero perderme esa fiesta!
¡Feliz Navidad!
¡Dios te bendiga!
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