
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Ningún padre o madre es perfecto, pero Dios entiende nuestros errores y nos perdona. Es importante reconocer nuestros errores y pedir perdón si es necesario, pero no podemos vivir castigándonos por ellos. Debemos abandonarnos a la gracia y misericordia de Dios y confiar en que él puede enderezar los errores del pasado y bendecir nuestro futuro y el de nuestros hijos. Ser padre o madre es una tarea inhumana que solo lo divino puede realizar adecuadamente. Pero a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien, incluso los errores del pasado.
Nadie. Nadie que sea humano puede decir que ha sido un padre o una madre perfecto. El único padre perfecto es el Padre Celestial que está en el cielo. A su modelo tendremos siempre que apuntar, para que la gloria sea siempre solamente para Él.
No hay madre, no hay padre que no peque. Ninguno de nosotros puede decir, “Yo nunca cometĂ un error con respecto a mis hijos”. Pero, sabe que Dios entiende esto muy bien. Y la gracia de Dios, su favor, se extiende hacia ti, padre o madre imperfecto. Cuando nos sintamos inadecuados al final del dĂa con respecto a nuestra paternidad o maternidad, tomĂ©monos dos aspirinas, recostemos nuestra cabeza sobre la almohada y digamos, “Señor, confĂo en Tu gracia, confĂo en Tu misericordia”.
Ayuda mucho reconocer que no podemos volver el tiempo atrás. Quizás cometimos serios errores como padres antes de conocer el mensaje del evangelio. Quizás nuestros propios padres, a quienes veneramos y en un tiempo consideramos modelos adecuados de paternidad, cometieron serios errores con nosotros, e ignorantemente transferimos esos errores a la educaciĂłn de nuestros propios hijos. SĂłlo mucho despuĂ©s, a la luz de la Palabra de Dios, logramos entender nuestros errores. Pero ya, desgraciadamente, habĂamos hecho daño a nuestros hijos. Quizás tendremos que pedirle perdĂłn a nuestros hijos y admitir delante de ellos que fallamos.
Pero no podemos vivir la vida castigándonos a nosotros mismos por errores que cometimos por nuestra ignorancia. Cuando venimos a los pies del Señor, Ă©l nos dice, “No te preocupes. SĂ© que has cometido muchos errores. Comencemos a trabajar juntos para enderezar las torceduras del pasado. Mi EspĂritu se asegurará de que no fracases en ese esfuerzo”.
Lo primero que tenemos que decir es, “Me arrepiento. Sé que fallé. Quiero hacerlo mejor”. Quizás, como dijimos antes, tendrás que pedirles perdón a tus hijos. Este será un buen paso hacia su sanidad.
Pero tiene que llegar el momento en que te abandones a la gracia y misericordia del Señor, y reconozcas que ser padre, ser madre, es la tarea más inhumana que existe en el universo. Inhumana en el sentido de que sólo lo divino puede realizar una paternidad adecuada. Es una labor que Dios nos ha encomendado en la cual nadie saca una “A”. Nadie. Nunca la vamos a poder ejecutar a la perfección.
¡Pero qué bueno es saber que tenemos un Padre misericordioso, que se especializa en enderezar huesos rotos y corregir cicatrices de manera que ni se noten con el tiempo! Abandónate a la misericordia de tu amoroso Padre, que te perdona y restaura. No vivas en el pasado. Mira confiadamente hacia el futuro, y cree que aun tus errores Dios los usará para bendecir tu casa y darle a tus hijos un futuro y una vida bendecidos. Ciertamente, “a los que a Dios ama, todas las cosas ayudan a bien”. ¡Aun los errores del pasado!