
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En este pasaje bíblico, vemos la sanidad de una mujer que sufría de un flujo de sangre. Lo interesante es que después de que ella es sanada, el Señor Jesucristo pregunta quién lo había tocado y la mujer confiesa todo. Este diálogo es importante porque muestra la misericordia del Señor y cómo Él quiere tener diálogo con nosotros y sanarnos en todas las áreas de nuestra vida. También se destaca el contraste entre el sistema del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, donde ahora podemos acercarnos a Dios confiadamente como un hijo a su padre. En nuestras oraciones, es importante ser detallistas y exponer todos los detalles de nuestra situación a Dios para que Él pueda sanarnos en lo profundo de nuestro ser.
Hay un último elemento de este pasaje que me intriga y yo creo que nos instruye mucho. Dice que cuando el Señor pregunta ¿quién ha tocado mis vestidos? y el Señor está mirando alrededor de Él para ver quién había hecho esto, en el versículo 33 dice que: "Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. Y el Señor le dijo: hija, tu fé te ha hecho salva, ve en paz y queda sana de tu azote."
Eso es interesante. Eso es como un postludio, es como una nota final a este maravilloso incidente ¿no?. Donde el relato se hubiera podido quedar ahí simplemente con la sanidad de la mujer y el Señor pues la sana y eso es todo, y continúa su camino hacia la casa de Jairo. Pero al Señor le intriga y le causa interés lo que ha pasado en este momento, y entonces pregunta ¿quién me ha tocado?.
Y yo me imagino que en ese momento esta mujer experimentó un instante de terror porque se daba cuenta de lo atrevido que había sido ese gesto de ella, ese acto que ella había llevado a cabo. Y quizás pensó: este hombre me va a condenar, me va a censurar y a corregir por esto que yo he hecho de no pedirle permiso a Él y de tocar Su manto y quizás hasta cuando Él sepa que yo tenía una aflicción de un flujo de sangre se va a ofender porque lo he hecho impuro. Pero el Señor reacciona en una forma tan generosa, tan misericordiosa, tan paternal y pastoral que eso es lo que más me impacta de todo eso, no ese pequeño drama que se da allí.
Es como que la sanidad de esta mujer no hubiera estado completa si no se hubiera dado ese diálogo entre ella y el Señor Jesucristo. Es como si ella se hubiera quedado toda su vida clandestina y no hubiera habido una total sanidad de su alma, de su mente, de sus emociones. No hubiera tenido esa palabra de impartición de parte del Señor Jesucristo.
Y yo creo que en este momento podemos ver el contraste dramático entre el sistema del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, el tiempo antes de Jesús y después de Jesús. La percepción de Dios cuando la sociedad solo dependía de los sacrificios y de una percepción de Dios como un ser distante, terrible, legal en Su orientación, y esta nueva visión que el Señor Jesús trae a la humanidad de un Dios misericordioso, compasivo, clemente que está atento a las necesidades de la gente y que está dispuesto a tratar con nosotros en nuestras situaciones de emergencia y de crisis.
Esto es un contraste claro de el Dios que ahora en Cristo Jesús aunque Él siempre ha sido misericordioso y siempre ha actuado yo creo que en la misma manera, pero que ahora estamos seguros. La Palabra de Dios nos invita a acercarnos confiadamente dice al Trono de la Gracia, no es al trono del juicio, la condenación si no al Trono de la Gracia. Un Dios que ahora a través de lo que Cristo ha hecho en la cruz del calvario puede tratarnos con suma misericordia, podemos acercarnos a Él como un hijo se acerca a un padre.
Entonces yo creo que todo eso está encerrado en este hecho porque cuando esta mujer le confiesa al Señor lo que ha hecho, ella dice que temiendo y temblando por lo que se había dado dentro de ella espera quizás una censura de parte del Señor Jesucristo, pero el Señor no reacciona de esa manera si no que le dice: hija, tu fé te ha hecho salva.
Me impacta también que dice que ella le contó toda la verdad, le dijo toda la verdad. En nuestras oraciones delante del Señor tenemos que ser detallistas, tenemos que presentarle al Señor con lujo de detalle nuestras situaciones. El Señor quiere conocer toda la verdad acerca de nuestra vida. El Señor quiere que cuando venimos delante de Él para pedirle algo, que en un sentido nos tomemos tiempo para también exponerle la penumbra alrededor de nuestra situación.
No solamente, a Dios no le interesa solamente oraciones así tipo ametralladora. A Dios le gusta que nos sentemos y le hablemos como un hijo le habla a un padre compasivo, comprensivo que quiere aconsejarlo y que le exponga los elementos de su situación. Yo encuentro que para mí los momentos más provechosos de oración son aquéllos en los cuáles yo le puedo exponer todos los detalles de lo que yo le estoy pidiendo al Padre, y en eso hay algo sanador.
Esta mujer recibe del Señor Jesucristo no solamente una sanidad física que era lo que más le interesaba a ella, ella nunca hubiera pensado que iba a tener el privilegio de hablarle al Señor y de que Él le hablara a ella. Pero Dios quiere más que simplemente contestar a una oración funcional y utilitaria. Él quiere ir más allá y tocarnos en lo profundo de nuestro ser y poner Su sanidad en nuestras vidas, en nuestras emociones. Porque muchas veces los sufrimientos de la vida dejarán traumas en nuestras vidas que Dios también necesitará tratar con ellos y ministrarnos a diferentes dimensiones.
Es lo que decíamos antes, que muchas veces Dios se tomará su tiempo para sanarnos y esperará hasta que lleguemos al punto de máxima necesidad porque hay algo, hay algún provecho que Él quiere sacar de esos tiempos de soledad y de dependencia absoluta de Él donde nos vemos confrontados con nosotros mismos y aprendemos de nosotros mismos y de Él, que si Él nos hubiera contestado inmediatamente en una forma muy escueta nunca hubiéramos aprendido.
Así que yo creo que esa última parte de este maravilloso proceso es un recordatorio de que tenemos un Dios que se interesa en nosotros. Quiere ministrarnos a niveles muy profundos, quiere tener diálogo con nosotros, y que si nosotros tomamos tiempo para estar delante de Él Él invertirá Su tiempo también en bendecirnos y tocarnos en todas las áreas de nuestra vida.
Qué maravilloso es el Señor. Un Cristo que sana, salva, bautiza, aconseja, nos acompaña a través de las crisis de la vida y quiere enviarnos bien bendecidos y ministrados. Que esta Palabra sea de bendición para ti como lo ha sido para mí, y continuemos reflexionando sobre estos maravillosos pasajes. Se despide de ustedes su amigo y Pastor el Doctor Roberto Miranda para Congregación de Judá y también para nuestro programa Dios Habla Hoy. Que el Señor les bendiga y hasta la próxima.