
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La historia de la mujer con el flujo de sangre muestra la importancia de tener una relación íntima y personal con Jesús. No debemos conformarnos con una mentalidad de masas en la adoración, sino buscar un diálogo individual con el Señor. La fé poderosa de la mujer evocó el poder sanador de Jesús, y el milagro se produjo en el origen de su enfermedad. A veces, las intervenciones de Dios se toman un tiempo para manifestarse en el plano visible, pero ya se han dado en el nivel raíz. Debemos ser pacientes y creer que lo que Dios ha prometido se hará si le pedimos con fé.
La intensidad, el enfoque es lo que nos saca de la multitud. Y es algo que nosotros tenemos que pedirle siempre a Dios, que nos ayude a encontrar esa forma distintiva, esa relación íntima, personal, individual con el Señor Jesucristo.
Muchas veces nosotros nos contentamos con ser simplemente parte de la masa, de la multitud. El Evangelio está lleno de gente que se contentan con una mentalidad colectiva. Vamos a la Iglesia los domingos y nos limitamos a una oración mediocre, tibia, convencional y creemos que ya con eso hemos llenado nuestro compromiso. Y ciertamente Dios recibe nuestra adoración, a veces indiferente, convencional. Pero lo que a Dios más le gusta es aquéllos creyentes que aún digamos en medio de un servicio donde hay una multitud están allí sabiendo que Dios los está mirando a ellos específicamente.
Cuando yo voy a una Iglesia y soy parte de una reunión y no estoy yo oficiando, a mí me gusta verme a mí mismo como un ser individual que aún en medio de la multitud estoy en contacto directo con el Señor, que está mirándome a mí y Él tiene conciencia de mi clamor, mi adoración, mi diálogo con Él así como lo tiene con todos los que están alrededor de mí.
Cuando nosotros podemos individualizar esa vida de adoración entonces es cuando Dios hace cosas extraordinarias en nuestra vida, cuando Dios escucha, contesta, abre puertas, bendice, provee, y esta mujer ejemplifica eso. Ella se acerca al Señor, lo toca pero con su fé y esa fé es como un canal a través del cual entonces viene la bendición del Señor hacia su vida.
Qué importante es que nosotros siempre estemos buscando ese diálogo individual con el Señor. El Señor no responde muy bien a la tibieza, el Señor no responde muy bien a la mentalidad de masas. Lo que el Señor busca es esa persona que se distingue por algo individual, algo que lo saca del montón y que lo hace distintivo.
Cuando esta mujer toca el manto del Señor dice que poder salió de Él. Qué interesante que el Señor no estaba allí respondiendo específicamente a la necesidad de esta mujer si no que la fé de ella evocó el poder. Eso nos recuerda el gran poder que hay en la persona de Jesús. Es como que el Señor es un reservoir, una reserva de poder en ese momento. El poder está en Él quiera o no, Él encarna el poder sanador y lo que esta mujer hace es como cuando uno se conecta con un cable eléctrico vivo, que ese cable no tiene otra alternativa que soltar el poder que está dentro de él y puede hasta calcinarnos y destruírnos completamente.
Pero ella toca la fuente de vida que se mueve dentro de Jesús, ella mete su mano llena de fé y toca, dice que el borde de Su manto. Solamente se necesita un contacto mínimo con el Señor pero cargado de fé y de potencialidad para que el poder de Dios se desate dentro de nosotros. Esta mujer establece una relación íntima, directa con la persona de Jesús por medio de su fé poderosa y el Señor no puede hacer otra cosa más que responder a ella y desatar Su poder sanador.
Y esta mujer al recibir esa sanidad dice que su cuerpo se estremeció y sintió que la fuente, es interesante la expresión que usa, dice que la fuente de su sangre se había secado. El milagro que el Señor efectúa se da en los orígenes mismos de su enfermedad.
Muchas veces así pasa. Dios va a sanar no la parte externa del síntoma si no que va a sanar el lugar de donde está emanando la enfermedad o la pobreza, o la opresión demoníaca, o el desempleo, o la adicción, o lo que sea. A veces se va a tomar tiempo para que la sanidad que el Señor quiere emplear se haga real en el plano visible. A veces el Señor va a ir al origen, a la raíz y entonces en el tiempo va a manifestarse en el nivel sintomático.
Yo creo que lo que pasó aquí fue que el Señor cerró como cuando uno cierra una fuente de agua, pero todavía hay agua corriendo, quizá esta mujer pasó un día, dos días con el flujo de sangre pero ya la fuente de su enfermedad estaba cerrada. A veces las intervenciones del Señor se van a tomar un tiempo para manifestarse, pero ya se habrán dado porque el Señor habrá ido al origen, y entonces se tomará tiempo para que en el plano natural.
Como pasó con la higuera que el Señor maldijo, que en el momento mismo no se hizo evidente lo que el Señor había hecho pero al final del día cuando los discípulos regresaron vieron que la higuera se había secado y se sorprendieron, ¿por qué?, porque cuando el Señor la maldijo la vida de esa higuera se comenzó a secar inmediatamente y con el tiempo entonces se hizo evidente el efecto.
Y así nosotros tenemos que recordar muchas veces que la respuesta del Señor a nuestra iniciativa de fé se tomará un poco de tiempo pero que el Señor muchas veces ya habrá contestado y será una cuestión de tiempo para que Su sanidad se haga totalmente efectiva y visible en nuestras vidas. Así que tenemos que ser pacientes y creer que lo que el Señor ha prometido se hará si le pedimos con fé.
Dios les continúe bendiciendo, gracias por sintonizarnos y tendremos una última meditación para cerrar nuestro estudio de esta mujer fascinante, la mujer con el flujo de sangre. Se despide de ustedes su amigo en Cristo, Pastor Roberto Miranda.