Dánoslo hoy

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: A veces tenemos miedo de pedir milagros específicos a Dios y añadimos "cláusulas de escape" en nuestras oraciones. Esto puede ser el resultado de una falta de fe en que Dios todavía hace milagros. Debemos tener el coraje de pedir oraciones específicas y sin escape, confiando en la gracia y fidelidad de Dios. Como lo hizo Ester frente al rey Asuero, debemos estar dispuestos a correr riesgos por nuestra fe. Dios ama las oraciones atrevidas y ambiciosas que lo ponen a prueba y muestran fe guerrera. Debemos pedir con fe y sin dudas, y esperar resultados sorprendentes.

Se requiere mucha fe para pedirle a Dios un milagro específico e identificable, que requiera una respuesta verificable en el tiempo y el espacio. Muchas veces nuestras oraciones son genéricas y vagas, secretamente proveyéndole al Señor (¡o a nosotros!) una salida más o menos honrosa en caso de que no se dé el milagro que pedimos. Por medio de un lenguaje sutil, estiramos el marco de tiempo en que se podrá dar la contestación, abrimos espacio para una respuesta en el plano natural, o añadimos “si es tu voluntad”, ¡por si las moscas! En última instancia, esto representa un acto de leve cobardía espiritual, y todos caemos en esa práctica en algún momento u otro.

Con esto no queremos decir que no reconozcamos la soberanía del Señor, o que pretendamos forzarlo a responder a nuestras oraciones de una sola manera. Nos referimos, más bien, a esas ocasiones en que este tipo de “cláusula de escape” se origina en una falta de fe de nuestra parte, en una duda sobre si Dios verdaderamente todavía hace milagros.

Me gusta ese “dánoslo hoy” de Jesús en el Padrenuestro. Si la provisión de pan que él estaba sometiendo no se daba “hoy”, ¡habría sido muy fácil detectar el fracaso de su oración!

A veces tendremos que lanzarnos de cabeza a la acción de fe, confiando en que el Señor no permitirá que quedemos en vergüenza, poniendo a un lado nuestras dudas y encomendándonos a la gracia del Señor. A veces tendremos que emitir oraciones desesperadas e imprudentes frente a nuestros familiares y amigos, sabiendo que representan un riesgo para nuestro orgullo o nuestra imagen pública si no se dan, pero que no hay otra alternativa.

Cuando Mardoqueo reta a la reina Ester a presentarse ante el rey Asuero sin previo permiso e interceder por el pueblo hebreo, ella sabía que si lo hacía estaba corriendo peligro de muerte conforme a la ley de Persia. Después de vencer sus temores, Ester determina un curso de acción y emite las famosas palabras: “Si perezco, que perezca”.

A veces se agota el tiempo de la espera y la deliberación, y hay que proceder atrevidamente, sin una puerta de escape detrás de nosotros, simplemente confiando en la misericordia y fidelidad del Señor. A Dios le gustan las oraciones y acciones atrevidas y ambiciosas, que lo ponen a prueba, y que muestran una fe guerrera de parte de nosotros. Por otra parte, las oraciones genéricas y abstractas lo dejan frío, y es muy posible que no reciban su contestación.

El apóstol Santiago nos invita a pedirle al Señor. Pero añade: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6 y 7).

Ponle carne a tus oraciones, y sométele al Señor peticiones atrevidas y ambiciosas, específicas y fechables, y ejercítate en la actitud de fe. ¡Te sorprenderás de los resultados!