
Autor
Kris Kile
Resumen: El amor, la transformación y la libertad requieren más que conocimiento; nos llaman a escuchar como discípulos, a examinar nuestra vida con honestidad y a permanecer abiertos al aprendizaje. Amar a Dios y amar al prójimo son inseparables. No podemos medir el amor únicamente por nuestras intenciones, sino que debemos considerar cómo nos perciben realmente aquellos a quienes afirmamos amar, incluso cuando su respuesta cuestiona la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Vemos la vida a través de la niebla de las experiencias personales, los juicios, las emociones, los impulsos y las suposiciones inconscientes. La transformación se produce a medida que nuestra mente se renueva y estas barreras interiores son llevadas a la obediencia a Cristo. La verdad que nos libera es la realidad desvelada: en lugar de culpar a los demás o depender de ellos para que las relaciones funcionen, asumimos la responsabilidad de vivir nuestro compromiso de amar.
Esto significa pedir opiniones sinceras, negarnos a considerar equivocados a los demás cuando su experiencia difiere de la nuestra e interrumpir valientemente nuestra versión preferida de la realidad. Las relaciones auténticas no se pueden controlar, por lo que vivir de esta manera requiere fe. Al practicar el amor verdadero en comunidad, obtenemos claridad, libertad, poder para actuar y esperanza, en lugar de desesperación o resignación.
Kris participa en un ministerio de enseñanza, instrucción y discipulado, y lo conocemos desde hace muchos años. Nos hemos reunido con Kris a lo largo de los años; lo conocemos como un hombre que sirve al Señor. Dios le ha dado el don de la enseñanza y la instrucción, y hace unas semanas hablamos de invitarlo a venir a la iglesia y simplemente compartir con nosotros su visión de la obra transformadora que Dios quiere realizar en nuestras vidas, así que estamos aquí simplemente para recibir de ti, hermano. Bienvenido, y una vez más te invitamos a sentirte libre de hacer lo que el Señor te guíe a hacer y de bendecirnos con lo que Dios te ha dado esta mañana.
Bueno, hola. Es maravilloso estar hoy con ustedes. Tengo varios amigos muy cercanos que forman parte de esta congregación. Uno está sentado justo allí… y desde hace muchos años me entusiasma la visión que tienen aquí. Desde mi perspectiva, lo que están haciendo aquí no solo está teniendo un impacto enorme en la zona de Boston, sino que creo que Dios va a usar, usa y seguirá usando lo que están haciendo aquí para cambiar el mundo mucho más allá. Por eso, me ha entusiasmado poder ver lo que están haciendo, y es un gran privilegio estar hoy aquí con ustedes y una gran alegría. Así que gracias.
Hoy quiero hablarles acerca del amor, la transformación y la libertad. Ahora bien, me gustaría invitarlos hoy a participar plenamente en este mensaje. Ahora piensen en cómo… ¿qué significaría participar plenamente en este mensaje? Hablemos de eso por un momento. Habrá ocasiones en las que haré preguntas y les pediré que levanten la mano, de modo que puedan responder levantándola. Esa es una manera de participar. Otra manera de participar plenamente es considerar que lo que digo es más que un simple conocimiento útil. El conocimiento en sí mismo no produce resultados, así que consideren lo que digo a la luz de su propia vida. Considérenlo a la luz de quiénes son ustedes para las personas a las que aman y con las que están. Otra manera en que podrían participar plenamente es escuchando con un corazón y una mente abiertos y sinceros. En otras palabras, consideren sinceramente lo que estoy diciendo. A veces, lo que digo podría cuestionar su visión de la vida y del mundo. Si tengo éxito, lo hará. Mi objetivo es desafiarlos a considerar nuevas maneras de reflexionar sobre estas grandes verdades del amor, la libertad y la transformación.
Mi invitación es que sean valientes y consideren las cosas de una manera que quizá sea nueva. En realidad, lo único que les pido es que consideren esto con el corazón de un discípulo. Un discípulo es alguien que aprende. Un discípulo es alguien que siempre reconoce que no tiene todas las respuestas. A veces pienso que hoy en la iglesia entendemos esto al revés. Pensamos que nuestro objetivo es tener las respuestas. Yo diría que, como discípulos, el objetivo es permanecer en la pregunta. ¿Se dan cuenta de que, en las Escrituras, Jesús hizo preguntas con más frecuencia de la que dio respuestas? Y muchas veces, cuando dio respuestas, las dio mediante parábolas, lo cual, en cierto sentido, era sencillamente una invitación a que las personas consideraran nuevas preguntas. Así que el objetivo de ser cristiano no es tener las respuestas. Es reinventar continuamente la posibilidad de estar en una relación con Aquel que es la respuesta, el Señor Jesucristo.
Así que les pido que consideren mi mensaje de hoy con ese espíritu de indagación. Ahora bien, ¿a cuántos de ustedes les gustaría ser capaces de amar de una manera más poderosa y audaz? Muy bien, entonces vamos a hablar de eso. ¿Cómo saben que están amando de una manera más poderosa? ¿Dónde miran para determinar cómo aman? ¿Miran dentro de ustedes mismos? ¿O miran a aquellos a quienes dicen amar? Muchas veces me gustaría limitarme a convencerme de que amo a las personas que me importan, pero, si elijo ser sincero, debo mirar a aquellos a quienes digo amar y permitir que su experiencia me instruya; de lo contrario, puedo pasarme toda la vida viviendo una fantasía.
¿Con qué frecuencia han fracasado al comunicar su amor a aquellos que dicen que les importan? He notado que yo fracaso a menudo. Mi esposa se llama Katie y, aunque siempre digo que la amo, muchas veces noto que no hago que ella tenga esa experiencia de mi amor. Ahora bien, ¿son buenas o malas noticias? Yo digo que son buenas noticias; es bueno darse cuenta, aunque no es necesariamente una buena noticia que no lo consiga, pero Dios nos ha enseñado que a veces erraremos el blanco. Entonces, la pregunta es: si mi deseo es tener una experiencia constante de amor con aquellos que me importan, ¿cómo puedo vivir de una manera que me permita transformar lo que considero posible al ser amor vivo con los demás?
Veamos lo que Dios dice acerca del amor en Lucas, capítulo 10, versículo 25. Dice: «…Y he aquí, cierto intérprete de la ley se levantó y lo puso a prueba —está hablando con Jesús—, diciendo: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo —Jesús le dijo al intérprete de la ley—: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cuál es tu lectura de ella? Entonces él le respondió diciendo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y Jesús le dijo: Has respondido de la manera correcta; haz esto y vivirás».
Ahora bien, esto es muy importante. El intérprete de la ley le preguntó: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?». ¿A cuántos de los que están aquí les gustaría heredar la plenitud de la vida eterna ahora y en el futuro? Así que Él le dio la respuesta. Le dijo: «Ama a Dios, ama a tu prójimo». Parece sencillo. Pero creo que estos dos actos, amar a Dios y amar a mi prójimo, están ineludiblemente conectados. Pienso que a veces estamos seguros de nuestro amor por Dios, pero no tan seguros de nuestro amor por el prójimo. Y el prójimo son aquellos que están cerca de nosotros, aquellos con quienes estamos. Saben, en las Escrituras también dice que amemos a nuestro enemigo. No sé qué pasa con ustedes, pero a veces siento que algunas de las personas de las que estoy enamorado y que son las más cercanas a mí, casi siento como si yo fuera su enemigo en ese momento. Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué dices esto? ¿Por qué haces esto? ¿Alguna vez se han sentido así respecto a las personas de las que están enamorados? Así que Dios dice que no importa cómo se presenten las personas ante ustedes en su vida. Él dice que, independientemente de eso, tengan claro el compromiso que tienen con ellas. Así que Dios define esto aún más.
En Primera de Juan, capítulo 4, versículo 20: «Si alguien dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?». Y tenemos de Él este mandamiento: que el que ama a Dios debe amar también a su hermano. ¿Cuántos de ustedes han oído a personas que hablan todo el día de su amor por Dios y, sin embargo, tratan a su prójimo con indiferencia y hostilidad? Ahora bien, Dios dice que, cuando hacemos eso, somos mentirosos. Así que puedo decir todo lo que quiera que amo a Dios, pero, en definitiva, según Jesús, mi amor por Dios se reflejará en cómo soy con ustedes y con los demás. Así que, si realmente quiero saber cuánto amo a Dios, puedo fijarme en cómo estoy amando a aquellos que digo que me importan y cómo estoy amando a aquellos que no me importan. Existe una conexión muy poderosa entre el amor y la libertad. ¿A cuántos de los que están aquí les gustaría tener más libertad? Ahora bien, yo diría que Dios no se dedica a dar más libertad; no se dedica a dar más amor; no se dedica a dar un amor y una libertad diferentes; no se dedica a dar más amor y libertad, sino un amor y una libertad diferentes. También diría que Él tampoco se dedica a dar un amor y una libertad mejores. Dios se dedica a dar un amor completamente nuevo, totalmente nuevo. Se dedica a dar una experiencia de libertad completamente nueva.
Así que veamos esta conexión entre el amor y la libertad. En Primera de Juan, capítulo 3, versículo 18, dice: «Queridos hijos, no nos limitemos a hablar del amor». Ahora bien, en realidad estoy leyendo esto de la versión de ¿?, y en este versículo en particular dice: «No nos limitemos a hablar del amor; practiquemos el amor verdadero. Esta es la única manera en que sabremos que estamos viviendo de verdad, viviendo en la realidad de Dios. También es la manera de acallar la debilitante autocrítica, incluso cuando esta tiene algo de razón, porque Dios es más grande que nuestros corazones preocupados y sabe más acerca de nosotros que nosotros mismos. Y, amigos, una vez que eso se ha resuelto y ya no nos estamos acusando ni condenando a nosotros mismos, somos audaces y libres delante de Dios». Así que, si me preocupo más por amar a aquellos con quienes estoy que por concentrarme en mis propias necesidades y en cómo creo que ellos deberían presentarse ante mí en mi vida, y si me preocupa más amar a aquellos con quienes estoy que tener la razón, entonces puedo comenzar a producir la libertad que es posible al vivir en la realidad de Dios.
Ahora bien, al hablar con matrimonios y aconsejar a matrimonios, perdí la cuenta de cuántas veces la conversación era: «Si tan solo hiciera esto, entonces nuestra relación saldría bien». Pero Dios dice: salgan de eso. Él dice: tengan claro qué se han comprometido a tener y a ser con ellos, y comiencen a vivir asumiendo la responsabilidad de cómo contribuyen; vivan en esa realidad, y eso producirá libertad. Porque piénsenlo: si mi vida depende de cómo otra persona vaya a ser conmigo, dependo por completo de sus acciones y de las circunstancias para experimentar mi compromiso. ¿Hay mucho poder en eso? Eso es debilitante, no empodera. Tampoco tiene nada que ver con lo que Dios, con lo que Jesús dijo: «Ama a Dios y ama a tu prójimo». Así que mi pregunta para ustedes es esta: ¿qué significa vivir en la realidad de Dios? Básicamente, Dios nos ha dicho que no podemos ver nuestra propia vida basándonos en Su realidad, al menos no en Su realidad plena.
En Primera a los Corintios, capítulo 13, versículo 12, dice: «Porque ahora vemos por un cristal oscuro, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré incluso como también soy conocido». También me gustaría leer esto de la traducción de ¿?, y esta traducción dice: «Todavía no vemos las cosas con claridad; entrecerramos los ojos en medio de la niebla, mirando a través de la bruma, pero no pasará mucho tiempo antes de que el tiempo se despeje y el sol brille intensamente. Entonces lo veremos todo, lo veremos todo con tanta claridad como Dios nos ve a nosotros, conociéndolo directamente como Él nos conoce». Ahora bien, ¿cuándo veremos con claridad? Será cuando Jesús regrese y cuando lo veamos cara a cara. Entonces, ¿qué dice? ¿Es esta la realidad en la que vivimos entre ahora y ese momento? Experimentamos la vida a través de la niebla. Así que Dios nos dice que lo amemos a Él y amemos a los demás, que vivamos en Su realidad, y, sin embargo, nos dice que experimentaremos Su realidad a través de una niebla. Casi parece una contradicción.
Pero, en Juan 8, versículo 32, Jesús les dijo que conocerían la verdad y que la verdad los haría libres. Ahora bien, durante muchos años, cuando leía este versículo, la manera en que lo interpretaba en mi mente era que, si entendía las Escrituras, tendría libertad. Y, desde luego, las Escrituras son una parte esencial para comprender el corazón de Dios, pero yo diría que, para tener libertad, hay algo más que eso. ¿Cuántas personas conocen que saben mucho de las Escrituras y, sin embargo, no experimentan en su vida la libertad de la manera que desean? Así que, aunque ese es un aspecto esencial, no es el cuadro completo.
Dios dice: «La verdad producirá libertad». Ahora bien, esta palabra, verdad, es interesante. El significado original de esta palabra, verdad, era realidad. De hecho, en el griego antiguo, la palabra griega que se usa aquí en este versículo para verdad se traduce más como realidad que con la palabra verdad, y significa algo así como descubrir, sacar a la luz aquello que antes estaba oculto. Así que la realidad es un desvelamiento, ver aquello que antes no veía. Eso produce libertad. Y yo diría que existe un vínculo directo entre lo que Jesús les dijo aquí acerca de la libertad y lo que le dijo al intérprete de la ley acerca de lo más importante en la vida. Dijo: «Ama a Dios, ama a tu prójimo», y resulta, una vez más, que miramos a aquellos que decimos amar para determinar si eso está sucediendo o no.
En Romanos, capítulo 12, hay otra pieza del rompecabezas, en el versículo 1 de Romanos 12. Dice: «No se amolden a este mundo, sino sean transformados mediante la renovación de su mente, para que puedan comprobar cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios». Así que, en Romanos 12, Dios promete la posibilidad de la transformación. ¿Qué significa transformación? Piénsenlo. ¿Qué significa transformación? Significa que es algo radical. La palabra que se usa aquí para transformación es la misma palabra que se usa cuando un gusano se convierte en mariposa. Radical. Completamente nuevo. Así que lo que Dios se propone es hacer que la vida sea completamente nueva, momento a momento. Entonces, ¿cómo hacemos eso? Si caminamos como si estuviéramos en medio de una niebla y, de repente, la niebla se levantara en ese instante, ¿no sería esa una experiencia completamente nueva?
Consideren su corazón. Las Escrituras dicen que del corazón surgen los asuntos de la vida; dicen que la boca habla de la abundancia del corazón y, sin embargo, también dicen en Jeremías —no tienen que volverse para buscarlo—:
Jeremías 17:9 dice: «El corazón es engañoso por encima de todas las cosas y desesperadamente perverso». ¿Quién puede conocerlo? Así que Dios dice que de nuestro corazón surgen los asuntos de nuestra vida, los deseos, los anhelos de amar y que, al mismo tiempo, tenemos engaño y perversidad en nuestro corazón. Ahora bien, ¿podría eso producir una niebla? Parece una paradoja, pero es la realidad. Así que, si los asuntos de mi vida proceden de mi corazón y, sin embargo, este tiene ese engaño y esa perversidad ¿?, ¿qué hago? ¿Hay una respuesta?
Entonces yo diría que no hay tanto una respuesta como una pregunta en la cual vivir. El compromiso que hace que todo suceda: de eso fue de lo primero que hablamos hoy. Mi deseo de amar a los demás, vivir en ese compromiso y darme cuenta de si está sucediendo o no.
En Segunda de Corintios, capítulo 10, versículo 4, dice: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales». (Estoy seguro de que han oído este versículo). «…sino poderosas en Dios para derribar, para derribar fortalezas, deshaciendo argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando dispuestos a castigar toda desobediencia cuando la obediencia de ustedes sea perfecta». Nuevamente, en la versión ¿?, quisiera leerles el mismo pasaje.
«Las herramientas de nuestro oficio no son para la mercadotecnia ni la manipulación, sino para demoler toda esa cultura masivamente corrupta. Usamos nuestras poderosas herramientas de Dios para hacer añicos las filosofías del mundo, derribar las barreras erigidas contra la verdad de Dios y encajar cada pensamiento suelto, cada emoción y cada impulso en la estructura de vida mostrada por Cristo. Nuestras herramientas están preparadas de antemano para despejar el terreno de todo obstáculo y edificar vidas de obediencia hasta la madurez». Eso es lo que hace el ministerio en el que participo: impartimos capacitaciones. Están diseñadas para ayudar a las personas a desarrollar las disciplinas y prácticas de las que se habla aquí, en Segunda de Corintios.
La niebla de la vida es causada por los filtros a través de los cuales veo la vida. Cada uno de nosotros tiene una cosmovisión singularmente única, formada por la suma total de todas nuestras experiencias: todo lo que hemos oído y aprendido, y lo que hemos decidido al respecto. Y aunque quizá creamos muchas cosas que son iguales, yo diría que no hay dos seres humanos que tengan exactamente el mismo conjunto de filtros a través de los cuales experimentan la vida, y somos inconscientes de muchas de las cosas que hemos decidido acerca de la vida. Simplemente hemos decidido que así son las cosas. No hay nada que yo pueda hacer al respecto. Es sencillamente la realidad. Sin embargo, mis elecciones y lo que he decidido acerca de mi realidad muchas veces diferirán de las elecciones de aquellos por quienes digo preocuparme.
Sé que siempre que le hablo a alguien tengo competencia. Está lo que yo les digo y, luego, está lo que ustedes se dicen acerca de lo que yo les digo. Esa es la conversación interna; ¿cuántos se dan cuenta de ello? Quiero decir, normalmente las personas hablan entre cien y ciento cincuenta palabras por minuto, pero la mente puede pensar a un ritmo de seiscientas, setecientas palabras por minuto o más, así que llenamos el vacío con nuestra conversación interna. ¿Y qué es lo que impulsa esa conversación interna? Bueno, se habla de ello en Segunda de Corintios, capítulo 10.
Pensamientos sueltos, emociones, impulsos, evaluaciones, juicios, todo el conjunto: todo está ahí. Y la mayoría de las veces no somos conscientes de lo que estamos pensando. Es automático; no es de extrañar que las Escrituras digan que experimentamos la vida a través de una niebla. ¿Cuál es la solución? Bueno, ¿qué dijo Jesús? Dijo: ama a Dios y ama a tu prójimo. Luego dijo: si dices que me amas y no amas a tu prójimo, eres un mentiroso. Así que, para comenzar a determinar cómo mis conversaciones internas —los pensamientos sueltos, los impulsos, las emociones— apoyan o impiden aquello con lo que digo estar comprometido, la solución es entregar realmente mi vida por aquellos por quienes digo preocuparme. Saben que las Escrituras dicen que debemos entregar nuestra vida por los hermanos. Eso implica más que simplemente morir por alguien.
La realidad más importante para quienes estamos vivos es estar dispuestos a interrumpir mi manera de pensar que las cosas son —la cual, según las Escrituras, de todos modos está llena de niebla—, vivir en comunidad con los demás y estar abiertos a su realidad. Así que, cuando digo que amo a mi esposa Katie, debo estar abierto a lo que ella dice acerca de cómo la amo, en vez de afirmar que ella está equivocada cuando lo que me dice no coincide con lo que yo creo que es verdad. Hay una libertad tremenda en esto. Piénsenlo.
Si cada vez que aman a alguien —al menos, en su mente creen amarlo— llegan a descubrir, porque lo invitan a ser honesto con ustedes, que esa persona dice que eso no está sucediendo, esa es una invitación directa para que entren en la realidad, en lugar de permanecer en la fantasía en la que vivían. Y Jesús dice que eso produce libertad, porque entonces pueden vivir con lo que es y actuar desde su compromiso con la realidad de lo que es. Allí hay enormes recursos y poder. Así que la clave es vivir responsablemente, vivir responsablemente. Tengan clara la visión que desean tener con los demás. Sean abiertos. Vivan con honestidad y autenticidad con los demás, de modo que ellos crean que ustedes les ofrecen la oportunidad de instruirlos acerca de la realidad que la relación de ustedes representa para ellos. Esto requiere valentía y es una invitación continua a vivir por fe, porque es imposible controlar una relación auténtica para que resulte como ustedes creen que debería resultar.
¿Cuántos de ustedes han notado que la vida rara vez resulta como creemos que debería? Yo diría que eso forma parte del plan de Dios, porque entonces tenemos que descubrir lo que Él tiene para nosotros, y Jesús dijo que esa realidad podía experimentarse en mi compromiso de amar a los demás. Llegaría incluso a decir que, si estoy comprometido con la realidad auténtica, debo relacionarme con los demás.
Amen a Dios y a su prójimo. Esa realidad y el vivir en ella producirán libertad. A medida que aquellos por quienes ustedes se preocupan y que se preocupan por ustedes los instruyan con respecto a lo que es la realidad para ellos, no tendrán que ser controlados por la niebla. La claridad en la vida es producida por un compromiso inalterable de amar a los demás y por el compromiso de actuar con fe, de entrar en lo desconocido de lo que esa realidad produce; y eso produce una gran esperanza en la vida. Así que ya no tenemos que vivir en la desesperación y la resignación.
Así que eso es lo que hacemos en las capacitaciones en las que participamos. Ayudamos a las personas a ejercitar esto, a llevarlo a la práctica unas con otras, y mantenemos una conversación continua con el liderazgo de aquí acerca de cómo podemos trabajar juntos para que esto suceda de maneras nuevas y emocionantes aquí, en su congregación. Así que, si están interesados en aprender más acerca de cómo hacer esto, tendremos un seminario de tres días en enero; y este jueves, 15 de diciembre, a las 7:30, aquí en la iglesia, celebraremos una reunión informativa para hablar más al respecto. Así podrán conocer más detalles acerca de lo que está disponible, y esta reunión será en inglés.
Quisiera concluir con una oración. Padre, te damos gracias por tu amor, por tu fidelidad, por tu bondad y por tu misericordia. Y, Padre, te pido que derrames una bendición especial sobre esta iglesia, sobre sus líderes y sobre la congregación en su totalidad. Y, Señor, guíanos, muéstranos tu camino. Gracias, Señor, en el nombre de Dios.
| Sermón de Kris Kile (traducido por el Dr. Roberto Miranda), grabado el 11 de diciembre de 2005 en la Congregación León de Judá (52 min.) | Escuchar | | | Ver (100K) | | | Ver (400K) |