Cuando nos encontramos con alguien en necesidad, nuestro instinto inicial puede ser la molestia, pero Dios nos ha encomendado ser Sus representantes. La verdadera alegría no es un prerrequisito para dar; es un músculo que desarrollamos al elegir involucrarnos auténticamente.
La verdadera abundancia radica en compartir nuestras bendiciones con los demás. El acto de dar es un poderoso antídoto contra el vacío y la insatisfacción.
In a world that seeks its own, a silent whisper starts to grow, Chasing what we think we lack, never truly looking back. But who am I, and who are we, to stand before this majesty? To offer freely, from the heart, a grace we've known right from the start.
Rushing through the market square, another voice calls out my name A fleeting glance, a hurried prayer, try to avoid the gaze of shame "Go in peace, stay warm, be fed," my hollow words echo in air While a heart still hungers, a spirit dread, and I walk on, pretending not to care But the Lord upholds the needy's plea,...
La hospitalidad, tal como se revela en la Escritura, es mucho más que un mero gesto social; es una disciplina espiritual vital, profundamente tejida en el plan redentor de Dios para nosotros. Descubrimos que acoger al forastero y al mensajero de Dios invita directamente a la intervención divina y a encuentros que alteran la vida, transformando nuestros espacios en crisoles de Su vida.
En este sermón, el pastor habla sobre la importancia de dar al Señor con alegría y generosidad, y cómo esto refleja nuestra relación con Dios y su reino. Él se refiere a la campaña de recaudación de fondos y cómo es importante dar de acuerdo con nuestra capacidad financiera y con una actitud dispuesta.
Mis amados hermanos, el antiguo llamado de Dios a cuidar a los vulnerables fue profundamente profundizado por nuestro Señor Jesús. Él nos enseña que los actos de bondad mostrados al hambriento, al extranjero y al encarcelado no son meras buenas obras, sino actos hechos directamente a Él.
La verdadera mayordomía es una profunda forma de vida arraigada en el dominio absoluto de Dios; somos simplemente custodios temporales de todo lo que poseemos. Esta comprensión, como la del Rey David, nos impulsa a reconocer humildemente que todo lo que tenemos proviene de Él.