Es importante aprender a escuchar la voz de Dios y no las voces del mundo, del enemigo o de nuestro "yo". Al escuchar a Dios, sentimos paz, confianza, tranquilidad y gozo.
Aprendamos a escuchar la voz de Dios Es importante aprender a escuchar la voz de Dios y no las voces del mundo, del enemigo o de nuestro "yo". Al escuchar a Dios, sentimos paz, confianza, tranquilidad y gozo.
La oración nunca fue diseñada para ser habitual, estructurada y limitada. Es un medio para abrir activamente nuestro espíritu y compartir la mente de Cristo.
Mis queridos hermanos y hermanas, nuestra fe exige más que una simple oración; nos llama a una intercesión poderosa y doble por los más pequeños entre nosotros. Debemos valientemente alzar nuestras voces para romper el silencio de la opresión y usar nuestras manos para desmantelar activamente los muros de exclusión.
Dios continúa llamando a cada corazón, pero no siempre recibe respuesta ya que muchos tienen una sordera espiritual. Los oídos del corazón son de tamaño sobrenatural y deben estar conectados con el Señor.
Su voz Dios continúa llamando a cada corazón, pero no siempre recibe respuesta ya que muchos tienen una sordera espiritual. Los oídos del corazón son de tamaño sobrenatural y deben estar conectados con el Señor.
La gran narrativa de la fe destaca consistentemente un diálogo profundo entre los requisitos externos de la ley divina y la disposición interna del corazón humano, con la obediencia como su tema crucial. Desde el primer rey del antiguo Israel, aprendemos una cruda advertencia: escuchar y responder genuinamente a Dios es superior a los meros rituales de sacrificio.
En este sermón, el pastor habla sobre el poder de la oración en la curación emocional y la salud en general. Él enfatiza que la oración es un canalizador del poder de Dios y que sin ella, no podemos efectuar cambios en la realidad física.
Nuestro camino espiritual es una interacción dinámica entre la gracia magnífica de Dios y nuestra sincera respuesta humana. Comienza con una súplica desesperada por iluminación divina, pues nuestra ceguera inherente nos impide captar verdaderamente las «cosas maravillosas» ya presentes en la Palabra de Dios.
En Oseas 8:1-4 vemos cómo el pueblo de Israel puso reyes y príncipes sin la aprobación de Dios, lo que llevó a Dios a decir "yo no lo sabía". Pero esto no significa que Dios no lo supiera, sino que Él no dio Su aprobación.