El tapiz de la revelación divina muestra consistentemente que Dios responde fielmente a la fe humana sincera. Debes creer que Dios no solo existe, sino que también se muestra como un recompensador activo y personal para aquellos que le buscan diligentemente.
La fe es una cualidad que implica la creencia en algo más grande que uno mismo. Hay doce cualidades clave de la fe que se pueden encontrar en la Biblia.
La fe verdadera, tal como se revela en la verdad bíblica, es una confianza activa, perdurable y profundamente racional en el carácter inquebrantable de Dios, especialmente en medio de las mayores paradojas de la vida y las incertidumbres prolongadas. Esta profunda revelación, arraigada en la antigua profecía y reafirmada para los creyentes del Nuevo Testamento, nos llama a perseverar y a no retroceder.
A menudo nos enfrentamos a una tensión profunda: nuestro llamado a depositar plena confianza en Dios para un verdadero florecimiento, sin embargo, nuestra aguda conciencia de la falta de fiabilidad humana. Aunque nuestros propios corazones son engañosos e incapaces de generar esta confianza, los profetas y los apóstoles revelan que la fidelidad de Dios es absolutamente inquebrantable, independiente de nuestras fallas.
Dios, en Su soberanía absoluta, orquesta todas las cosas hacia Su justo designio, asegurando que Su plan supremo nunca será frustrado. Como creyentes, somos llamados a ser la "sal de la tierra", encargados de preservar a la sociedad de la corrupción y de encarnar Su gracia transformadora.
Nuestro camino de fe nos llama constantemente a participar activamente en los propósitos de Dios, sin embargo, nos amenaza una inercia debilitante que retrasa la posesión de los dones divinos y un descontento activo que envenena la vida comunitaria. Estas fallas espirituales surgen de una confianza incompleta en el carácter y la soberanía de Dios.
Nuestro camino espiritual se caracteriza profundamente por la interacción entre nuestra responsabilidad personal y la fidelidad inquebrantable de Dios. Si bien se nos manda a "escoger la vida" activamente cada día y a guardar diligentemente la verdad del Evangelio, nuestra preservación última no depende de nuestra propia ejecución impecable.
El patrón divino y constante de Dios de advertencia, y nuestra respuesta humana, tejido a lo largo de toda la Escritura, nos llama a la fe y a la preservación. Como aquellos a quienes se les ha confiado la verdad, los líderes espirituales y todos los creyentes tienen la grave responsabilidad de declarar estas solemnes advertencias.