El Sagrado Pergamino del Recuerdo del Alma

Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y no olvides ninguno de Sus beneficios. Salmos 103:2
Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre. Efesios 5:20
Charles Spurgeon

Autor

Charles Spurgeon

Resumen: Amados, ordenemos a nuestras almas recordar y no olvidar todos los beneficios de Dios, pues nuestros corazones son propensos a alejarse de la gratitud. La verdadera acción de gracias implica recordar específicamente Sus actos de perdón, sanación y redención en nuestras vidas, reconociendo Su carácter compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en amor inquebrantable. Esta práctica fundamental del recuerdo es nuestra sagrada resistencia a la desesperación, permitiendo que Su misericordia moldee nuestra vida en común.

¡Ah, amados, cuán propensos son nuestros corazones a extraviarse de los verdes pastos de la gratitud! Podemos poseer un verdadero tesoro de bondades divinas, una historia rica en las tiernas misericordias de Dios, y aun así permitir que las sombras fugaces del momento presente oscurezcan el sol de Su bondad. ¿No es una profunda tendencia de nuestra naturaleza caída olvidar las bendiciones que colman nuestra copa hasta rebosar? ¡Alma mía, ordénate a ti misma! ¡Bendice al Señor, y no olvides todos Sus beneficios! Esto no es una mera evocación de un estado de ánimo agradable, ninguna vana ensoñación, sino una práctica fundamental para una fe robusta y vibrante.

La verdadera acción de gracias, queridos amigos, nunca es un vago murmullo llevado por el viento. ¡No, adquiere nombres específicos! Remóntate en tu mente, cristiano, a los actos concretos de la mano de Dios en tu vida: ¿No ha perdonado tus iniquidades, sanando enfermedades del cuerpo y del espíritu? ¿No ha redimido tu vida de las mismísimas fauces del peligro, coronándote con amor inquebrantable y tiernas misericordias? Él satisface tu alma hambrienta con bienes y renueva tus fuerzas como las del águila. Nuestra alabanza no surge de ignorar nuestro quebrantamiento, sino de reconocer Su bondad precisamente allí donde el pecado, la enfermedad y el peligro han dejado su huella.

¿Y qué carácter yace en el corazón de tal recuerdo? ¡Nuestro Dios, Él es compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en amor inquebrantable! Él no nos trata conforme a nuestros pecados, sino que aleja nuestras transgresiones tan lejos como está el oriente del occidente. Como un padre, Él tiene compasión de Sus hijos, pues Él conoce nuestra condición, Él recuerda que somos polvo. Esta comprensión divina de nuestra fragilidad no disminuye Su santidad, sino que significa que Su misericordia se ajusta perfectamente a nosotros tal como realmente somos. Esta acción de gracias, nacida del Espíritu y expresada en nuestras reuniones, incluso en "días malos", es nuestra sagrada resistencia a la desesperación, una confesión de que la oscuridad no es el intérprete final de la realidad. Recordemos con verdad, y que ese don recordado se convierta en una vida misericordiosa y común entre nosotros.

(Fuente: Una reflexión moderna adaptada del estilo de Charles Spurgeon)