Cuando Cayó la Tarde, ¡Nuestra Esperanza Resurgió!

Mi alma desfallece por Tu salvación; En Tu palabra espero. Salmos 119:81
Y al atardecer, Le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con Su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos. Mateo 8:16
Charles Spurgeon

Autor

Charles Spurgeon

Resumen: Cuando nuestras almas desfallecen a causa de una aflicción prolongada, nos aferramos a la inmutable Palabra de Dios, sabiendo que Sus promesas son activas y poderosas. Nuestra desesperada expectación encontró su gloriosa respuesta en Cristo Jesús, la Palabra Viviente, quien vino y demostró autoridad divina absoluta para traernos una salvación integral y completa. En Él, nuestra espera no es en vano, y podemos confiar plenamente en Él en nuestras temporadas más oscuras.

Mis queridos amigos, ¿han sabido alguna vez lo que es que su propia alma desfallezca dentro de ustedes? ¿Sentirse como un odre, marchito e inútil, dejado en el humo de una aflicción prolongada? ¡Ah, muchos de nosotros hemos recorrido ese sendero de medianoche, clamando con el salmista: «Mi alma desfallece por tu salvación!» Ese antiguo clamor, amados, no fue un simple susurro de desesperación, sino un aferramiento tenaz a una verdad inmutable: ¡La Palabra de Dios! A pesar de la demora agonizante, a pesar del aparente silencio, los santos de antaño se aferraron a Sus promesas pactuales. Sabían que la pronunciación divina, una vez dada, no era letra muerta, sino un agente activo, lo suficientemente poderoso como para producir la misma salvación que sus almas desvanecidas anhelaban —una liberación holística de todo mal, una verdadera paz, una plenitud completa.

Pero, ¡alabado sea Dios, esa desesperada expectación encontró su gloriosa respuesta! ¡Miren, hermanos, a Capernaúm, cuando «cayó la tarde»! ¡Ya no era un simple marcador de tiempo, sino la gran señal de la historia redentora doblando una esquina majestuosa! El largo día de la sombra legalista, la larga noche de anhelo, llegaba a su fin. ¡El sol poniéndose sobre lo antiguo, y he aquí! ¡Una mañana escatológica amaneció, bañada en la luz del mismo Verbo Encarnado!

Allí estaba Jesús, el mismo Logos en quien el salmista había esperado. ¡Sin rituales elaborados, sin luchar con espíritus, sino simplemente «con una palabra», Él expulsó demonios y sanó cada alma enferma! ¡Qué demostración de autoridad divina e inherente! Él, el Verbo Viviente, caminó entre la humanidad, ejerciendo activamente poder sobre la oscuridad espiritual y la enfermedad física. ¡Esta, mis amigos, fue la salvación integral tan desesperadamente buscada! Él restaura no solo nuestros espíritus, sino nuestros cuerpos, nuestras mentes, ¡nuestro mismo lugar en la sociedad!

Así que, cuando desciendan sus propias temporadas de medianoche, cuando sus recursos estén completamente agotados, ¡recuerden esta gran narrativa! ¡No nos aferramos a una promesa distante, sino a una triunfalmente cumplida en Cristo Jesús! Él ha entrado en nuestra realidad. Su autoridad es absoluta, Su poder ilimitado, Su salvación absolutamente completa. El Dios que pronunció las promesas se ha convertido en el Verbo que las cumple. ¡Confía en Él, alma mía, confía plenamente en Él! Porque en Él, nuestra espera no es en vano, ¡y nuestra esperanza nunca será frustrada!

(Fuente: Una reflexión moderna adaptada del estilo de Charles Spurgeon)