1 Corintios 1:20

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: La fe cristiana no se fundamenta principalmente en la elocuencia, la doctrina ni la sabiduría humana, sino en Jesucristo crucificado y en el poder demostrado del Espíritu Santo. La teología, la educación y la razón son valiosas; sin embargo, sin vida espiritual son como un automóvil bien construido pero sin combustible. Por eso, necesitamos permanecer unidos a Cristo, evaluar continuamente nuestra vitalidad espiritual y renovarla mediante la oración, las Escrituras, la adoración, el ayuno y el tiempo en la presencia de Dios. En lugar de limitarnos a combatir la oscuridad que hay en nosotros, debemos llenarnos de la bondad de Dios hasta que su luz la expulse.

El evangelio nos llama a dejar atrás el orgullo intelectual y adoptar una humildad semejante a la de un niño. No debemos rechazar la obra de Dios simplemente porque parezca sencilla, incómoda o necia según los criterios del mundo. Cuando sometemos nuestro intelecto al Espíritu, Dios puede iluminarlo y fortalecerlo, capacitándonos para comprender tanto las realidades naturales como las espirituales. Nuestra fe debe descansar en el poder de Dios y no en discursos persuasivos. Como individuos y como iglesia, estamos llamados a acoger los misterios de la fe, buscar la plenitud del Espíritu y vivir con naturalidad en el ámbito sobrenatural.

El versículo 20 del capítulo 1 de Primera de Corintios dice: «¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el erudito? ¿Dónde está el filósofo de esta época? ¿Acaso no ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Pues, ya que en la sabiduría de Dios el mundo no lo conoció mediante su propia sabiduría, a Dios le agradó salvar a los que creen mediante la necedad —digan “necedad” conmigo, por favor—, mediante la necedad de lo que se predicó. Los judíos, los ojos milagrosos, y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles».

Ahora acompáñenme al capítulo 2, porque recuerden que, cuando se escribió la Biblia, no se escribió en capítulos ni versículos; esas son simplemente facilidades que, ya saben, se incorporaron cientos y cientos de años después de que se escribiera la Biblia para facilitar las referencias y el paso de un lugar a otro, y así sucesivamente. Pero en la mente del apóstol Pablo había un solo pensamiento que él estaba desarrollando, ya saben, iluminado por el Espíritu Santo, así que creo que el capítulo 2 está muy vinculado con lo que acabo de leer.

Y en el capítulo 2, versículo 1, dice: «Cuando fui a ustedes, hermanos, no fui con elocuencia ni con sabiduría superior al proclamarles el testimonio acerca de Dios, porque me propuse no saber nada mientras estuviera entre ustedes, excepto, ¿qué?, a Jesucristo, y a este crucificado. Fui a ustedes con debilidad, temor y mucho temblor. Mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras sabias y persuasivas, sino con, ¿qué?, una demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no descansara en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios».

Voy a beber esto, así que espero que la persona que estaba bebiendo no tenga ninguna enfermedad contagiosa ni nada por el estilo; lo declaro puro ahora mismo, en el nombre de Jesús.

Yo le estaba pidiendo al Señor, ya saben, un pasaje… Mientras predico en estas etapas iniciales de este ministerio, le estoy pidiendo al Señor que nos ayude a presentar sermones que sirvan como enseñanzas fundamentales para este ministerio. Y creo que nuestro ministerio latino, en español, de alguna manera ha vivido conforme a estos principios, pero es tan bueno volver a examinarlos y establecerlos, por así decirlo, declararlos proféticamente sobre este ministerio. Y espero que siempre estemos cimentados sobre estos principios que quiero compartir con ustedes, como el que estoy compartiendo con ustedes esta noche.

Me encanta este pasaje porque habla de algo que es sumamente importante para la fe cristiana. Ya saben, el cristianismo es una religión que no se basa en una serie de, digamos, declaraciones intelectuales ni en la doctrina, aunque sí tiene aspectos doctrinales. Quiero decir, ustedes estarán de acuerdo conmigo en que, de hecho, el cristianismo es una de las religiones más profundas de toda la historia humana; por eso existen los seminarios, por eso los pastores pasan muchos años estudiando teología y hay todo un sistema en torno al cristianismo que es muy profundo, muy coherente y sumamente racional. Pero el cristianismo no está fundado, no se basa en eso. No se basa en la teología; ¿en qué se basa? Se basa en una persona. ¿Verdad? Se basa en la persona de Jesucristo.

Es una religión que se basa en una relación que los seres humanos establecen con ese ser increíble que es Jesucristo. Se dice que el cristianismo no es religión, sino relación. A menos que uno tenga esa relación con Jesucristo, todas las enseñanzas del cristianismo, toda la doctrina, todo el credo del cristianismo, realmente carecen de sentido; no tienen ninguna sustancia verdadera. Solo se puede conocer la verdad del cristianismo después de que la mente haya sido renovada y el espíritu, restaurado mediante un encuentro con Jesucristo; de lo contrario, uno contempla el cristianismo desde fuera y todo lo que ve es simplemente la cáscara, el exterior, toda la literatura, el contenido intelectual; pero lo que anima al cristianismo es el poder que lleva dentro y que viene por medio de Jesucristo.

Por eso Jesús dijo, por ejemplo, en Juan, capítulo 15: «Permanezcan en mí, y yo en ustedes, y eso les permitirá dar mucho fruto», porque aparte de mí, separados de mí, no pueden hacer absolutamente nada. ¿Ven? Es como una rama unida al tronco de un árbol o un fruto unido a la rama de un árbol: en cuanto se corta del árbol esa rama, de la cual recibe su alimento, o se arranca el fruto del árbol, inmediatamente comienza un proceso de deterioro. Mientras la rama pueda permanecer injertada en la vida del árbol, puede seguir llena de vida, y Jesús utilizó ese ejemplo para decir: «Así son las cosas en esto que estoy comenzando». A menos que permanezcan unidos a mí y, de alguna manera, se conecten a mi fuente de energía, no pueden hacer nada. Ni siquiera vayan por ahí, porque no van a obtener nada del cristianismo a menos que pasen por Jesucristo.

Así que es una religión que se basa en una transacción espiritual, si se quiere, en una realidad espiritual que… la mente no puede explicar. Creo que la mente puede contemplarla y acercarse a ella, pero no puede agotar su misterio. Es sencillamente algo que se experimenta, algo con lo que uno se familiariza mediante la intervención, si se quiere; es por medio del espíritu, es por medio de las entrañas, no tanto por medio de la mente. Ese es un elemento importante que siempre debemos recordar.

Y ciertamente oro para que nuestra comunidad, nuestra iglesia, nuestra familia, nuestra familia espiritual, nuestro ministerio, siempre se fundamenten en esa comprensión. Ya saben, no importa cuán sofisticados lleguen a ser, no importa cuánta enseñanza, cuánta teología y demás, no importa cuántos edificios tengan, cuánto dinero reciban, cuánto equipo y así sucesivamente; ya saben, la vitalidad de una comunidad cristiana no se basa en ninguna de esas cosas. Esas cosas vienen como resultado de la visitación del Espíritu en la vida de una comunidad.

Y por eso siempre tenemos que acudir primero al Espíritu. Tenemos que ser personas del Espíritu. Tenemos que estar enamorados del Espíritu. Le pido al Señor que cada uno de ustedes y cada una de las personas de nuestra comunidad pueda comprender y sentirse sobrecogido por este sentido del misterio de la vida cristiana; que seamos personas que habitemos siempre en el ámbito sobrenatural. Oro para que sus mentes sean renovadas, al igual que la mía, de modo que siempre entendamos la vida y los procesos de la vida a la luz del Espíritu, a la luz de lo sobrenatural.

Quiero que nos convirtamos en personas sobrenaturales, personas que habiten con naturalidad en lo sobrenatural. De modo que siempre, sea lo que sea que necesitemos, si necesitamos tomar una decisión acerca de una relación o de una carrera, o acerca de una mudanza, una mudanza física, o una decisión financiera o un problema emocional… Ya saben, es estupendo leer libros, es estupendo consultar recursos intelectuales. Eso me encanta; quiero decir, me paso toda la vida leyendo, pero sé con certeza que allí no se encuentra la solución principal. Está en la vida del Espíritu. Está en acudir a Cristo. Está en la vida de oración. Está en la vida del Espíritu. Se trata de llenarme del poder del Espíritu Santo. Se trata de cultivar la energía que viene del Espíritu Santo y, cuando siento que esa energía está disminuyendo, ya saben, tiendo a hacer lo mismo que hago cuando de vez en cuando miro el automóvil para ver dónde está el indicador de combustible, y a veces está por debajo de la E, y, ya saben, se enciende esa amenazante lucecita naranja —me sucede con más frecuencia de lo que creen— y digo: «Oh, oh, es hora de ir a la estación, a la gasolinera, y volver a llenar el tanque».

Y esperemos, ya saben, no permitir que nuestra energía espiritual, nuestro nivel espiritual, lleguen hasta ese punto. En cuanto veamos que estamos como en, ya saben… Mi esposa dice, ya saben, que ella es mucho más prudente que yo, mucho más metódica que yo, eso es seguro, así que en cuanto veo que baja de medio tanque, voy a la gasolinera. De hecho, probablemente se podría juzgar el orden que tienen las personas en su vida por el momento en que llenan el tanque. ¿Lo hacen como yo, ya saben, cuando está casi en la E, por debajo de la E, o lo hacen cuando queda un cuarto, medio tanque o lo que sea?

Creo que es así, ya saben; siempre deberíamos estar midiendo nuestro nivel espiritual: nuestra pasión por Cristo, por ejemplo, nuestro amor por la palabra de Dios, nuestro deseo de servir al Señor, nuestro amor sencillamente por Jesús, nuestro amor por el pueblo de Dios, nuestro deseo de estar en su casa, nuestro deseo de agradarlo y caminar conforme a sus caminos, nuestro deleite en dedicar tiempo a la oración.

¿Cuántos de nosotros sentimos realmente ese gozo de sentarnos en nuestro sillón favorito y abrirle el corazón al Señor? Y la oración significa eso: liberación. Significa recostar la cabeza en el pecho del Padre. Es sencillamente disfrutar de la compañía de Dios. No es solo una árida y estéril lista de compras que le damos a Dios porque tenemos que hacerlo, para luego salir de eso lo más rápido posible y dedicarnos a los verdaderos asuntos de la vida. No. Nos deleitamos en la presencia del Padre, porque el Espíritu Santo que está en nosotros clama en el Espíritu Santo del Padre y amamos estar en su presencia.

Así que, ya saben, siempre tenemos que estar midiendo esa vitalidad espiritual en nuestra vida, porque de eso se trata la vida cristiana. Se trata de la pasión por el Señor, se trata de la energía del Espíritu. Si tienen, si su espíritu está lleno y su nivel de energía es fuerte y Dios es real en su vida, y, ya saben, el Espíritu resplandece dentro de ustedes, entonces eso combatirá la depresión. Eso combatirá la ansiedad. Eso combatirá el resentimiento. Eso irá desgastando las heridas de la vida, los traumas del pasado, los temores de la vida y todos los desechos que se acumulan por vivir esta vida caída que vivimos, porque cuando tienen esa energía, la presencia del Espíritu dentro de ustedes expulsa lo malo.

Y a veces les digo a las personas, ya saben: no luchen tanto contra lo malo de la vida. Llénense de la bondad de Dios hasta el punto de que esta expulse el mal que hay dentro de nosotros. Miren, cuando entramos en una habitación oscura, no comenzamos a decir: «¡Ah, esta oscuridad, cuánto la odio! Es tan terrible, me hace tropezar». Entonces, ¿qué hacemos? Encendemos la luz. ¿Qué sucede? Que cuando se enciende la luz, la oscuridad huye. La oscuridad es simplemente la ausencia de luz. ¿Sí o no? La oscuridad no tiene vida en sí misma. No es ontológicamente real, si se quiere; es simplemente la ausencia de la energía que produce claridad.

Así que, si nos llenamos del poder del Espíritu, si nos llenamos de la vitalidad del Espíritu de Dios, esa vitalidad, esa plenitud de Dios dentro de nosotros, expulsará naturalmente todas las cosas malas que hay en nosotros. Por lo tanto, nuestra preocupación como pueblo de Dios debería ser: que yo me mantenga tan lleno de vitalidad, tan lleno de energía en el Espíritu como sea posible. Y, una vez más, por eso digo que siempre tenemos que estar midiendo, ya saben: ¿cuál es el nivel de mi energía espiritual? Y en cuanto vean que ya no sienten la misma clase de gozo al venir a la iglesia, al alabar al Señor; en cuanto vean que se están endureciendo por dentro y que ya no encuentran nada de la vida cristiana que los conmueva; en cuanto vean que les da igual aceptar o rechazar la palabra de Dios cuando la oyen, o que cuando oran todo parece seco y no produce nada, o que la ansiedad, la depresión o el temor los están venciendo, o que están comenzando a mirar negativamente a las personas y a contemplar la vida… es hora de ponerse los pantalones cortos, ponerse las zapatillas deportivas y comenzar a recuperar la forma espiritual. Y tenemos que hacerlo todo el tiempo.

Yo, como pastor, tengo que hacerlo todo el tiempo. Cada uno de ustedes y yo somos atletas del Espíritu, y ya saben lo que sucede; quiero decir, quizá pasen seis meses corriendo todos los días, corran tres millas diarias y levanten pesas o lo que sea, pero dejen de hacerlo durante un mes y verán lo que sucede. La grasa comienza a aparecer enseguida otra vez; ya saben, esas… cosas que antes se elevaban con facilidad, ahora cuestan un poco más, y los músculos comienzan a disminuir. ¿Por qué? Porque necesitan estar haciendo eso todo el tiempo.

Ya saben, es un proceso de toma de decisiones las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, durante el resto de su vida. Y también es así en la vida del Espíritu. En cuanto vean que ese nivel de energía, esa presencia del Espíritu, está disminuyendo en su vida, es hora de volver a ponerse en forma. Es hora de retomar la disciplina del Espíritu. Es hora de dedicar un día al ayuno. Considero que el ayuno es un recurso renovador sumamente poderoso en mi vida. Dediquen medio día, lleguen hasta las cinco de la tarde, beban un poco de jugo a solas y, de vez en cuando, incluso mientras trabajan, digan: «Padre, te ofrezco este tiempo porque necesito sentir, necesito volver a respirar, necesito sentir otra vez tu presencia»; y dediquen medio día a ir a algún lugar, orar y pasar tiempo en la Palabra.

Les digo que esas cuatro o cinco horas que dediquen les serán devueltas con grandes intereses, porque su mente estará más despejada y su nivel de energía será más alto. Algunos de los pensamientos que interfieren y les impiden ser productivos en su trabajo quedarán en reposo. Se volverán mucho más productivos. Y esas horas que pasen buscando al Señor y descansando en el Señor sencillamente se convertirán en una inversión, en vez de un sacrificio, porque somos personas del Espíritu.

Verán, somos dinamos, somos depositarios del poder como cristianos; eso es lo que somos. El intelecto es bueno, la teología es buena, las enseñanzas son buenas, leer es bueno, todas esas cosas son excelentes, ir a la escuela es bueno, por supuesto, pero… Es como un automóvil: miren el mecanismo de un automóvil, ese automóvil reluciente que sacan de un concesionario, con todas sus piezas intrincadas —y hoy en día los automóviles son increíblemente complejos, con todas sus piezas computarizadas y demás—, sus uniones metálicas, su exterior reluciente, sus interiores cómodos, revestidos de cuero, y todas las distintas cosas que componen un automóvil, que muchas veces cuesta miles y decenas de miles de dólares; si ese automóvil no tiene combustible, todo ese aparato es absolutamente inútil. ¿Sí o no? Si no tiene aceite para lubricar las piezas, se destruirá en un instante, se desarmará en un instante. Si no tiene carga eléctrica, si la batería está descargada, toda esa maquinaria carece absolutamente de sentido. ¿Por qué? Porque un automóvil depende de la energía para moverse. Lo que le da al automóvil la capacidad de ser útil no son las ruedas, no son las piezas metálicas, no es el interior cómodo y reluciente; lo que permite que el automóvil sea un automóvil es la energía que este deja fluir a través de él.

Verán, el automóvil es meramente un procesador de energía, y a medida que procesa energía adquiere su razón de ser. Y nosotros también somos así. El cristianismo también es así. Toda la teología, toda la enseñanza, todo el aparato de la iglesia, toda la adoración y la oración y todo lo que hacemos son como las piezas de un vehículo. Juntas forman un mecanismo maravilloso, pero si el poder, si el lubricante, si la fuente de energía no funciona debidamente, todo lo demás carece absolutamente de sentido, está muerto. No es más que una cáscara. No es más que una ilusión exterior.

Y por eso debemos entender que tenemos que mantener siempre ese sistema de energía de nuestra vida a su máximo nivel, porque eso es lo que nos permitirá hacer todo lo demás. Y creo que esto es lo que… quizá ustedes estén diciendo: «Bueno, ¿de dónde sale eso en el pasaje?». Está por todas partes aquí.

Miren, esto es lo que Pablo… Pablo era plantador de iglesias, Pablo era plantador de iglesias. Está escribiéndole a una iglesia que significa mucho para él, porque él plantó esa iglesia. Y estos son creyentes nuevos, tal como este es un ministerio nuevo. Así que Pablo escribía como plantador de iglesias y como pastor para iluminar la espiritualidad de las personas de Corinto a su cargo. Y quería cimentarlas en las enseñanzas correctas y en los principios espirituales correctos. Así que les escribe aquí, y en este pasaje, saben, lo que está diciendo es que está hablando de una visita anterior, cuando fue a visitarlos una vez. Está diciendo: «Quiero explicarles algo: cuando fui a ustedes, habían oído hablar de mí como un gran apóstol, un gran predicador, saben, un hombre de sabiduría y todo lo demás, y quizá estaban un poco desconcertados por el hecho de que yo no… de que mi predicación no pareciera tan compleja y sofisticada como esperaban».

¿Han tenido alguna vez esa experiencia? Saben, alguien dice: «Viene un gran hombre de Dios a predicar», y uno llega allí y de alguna manera dice: «¡Ah! ¿Eso es todo?». Como la canción, la canción de Tony Bennet… «¿Eso es todo…?», y uno dice: «¿Dónde está la sustancia?». Esperaban algo mucho más grande, algo mucho más impresionante, y saben, los corintios…

Verán, este es uno de esos pasajes para los cuales necesitan entender un poco el contexto histórico y el contexto cultural en el que escribió Pablo, saben, el mundo grecorromano en el que escribió Pablo. Corinto era una ciudad importante del mundo grecorromano, un lugar muy sofisticado. Era como Boston. Era un centro financiero, un centro de comercio e intercambio; también era un gran centro religioso, muchas religiones de todas partes del mundo tenían allí su lugar de encuentro, en Corinto; y también era un lugar sumamente intelectual. Muchos maestros, muchos maestros itinerantes de todas partes del mundo grecorromano, iban a Corinto para ejercer sus oficios, para formar a jóvenes aspirantes a polemistas y abogados y, saben, a personas que eran importantes para los griegos. El debate era importante, la elocuencia era importante, toda clase de artificios y recursos retóricos eran muy importantes, y la razón era sumamente importante en el mundo griego. Conocemos a Platón, a Sócrates y a Aristóteles, y todas estas distintas filosofías que nacieron en Grecia. El mundo griego era un mundo sumamente intelectual y concedía un valor supremo a la complejidad, al racionalismo, a la sabiduría que impresionaba, a las enseñanzas complejas y a los maestros que realmente hacían que las cosas sonaran muy complicadas y que desmenuzaban el conocimiento y lo dividían en pequeños elementos constitutivos.

Así que eso era… y en el mundo religioso ocurría lo mismo. Así que, saben, los oradores conocidos usaban toda clase de poses dramáticas y toda clase de recursos para impresionar a su público y mantenerlo… y existía toda una profesión dedicada a enseñar cómo hablar de manera impresionante. Y aquí viene Pablo, que aparentemente no era un hombre físicamente muy impresionante, y sencillamente empieza a hablar de manera muy simple acerca de Jesús, quien murió en la cruz, y, saben, que si llegan a conocerlo, Él se convertirá en su Señor, y si lo reciben… Y la gente dice: «Oye, vamos, hombre, ¿dónde está lo de verdad? ¿Cuándo va a empezar a adoptar todas las poses dramáticas y a hablar de todas estas cosas ocultas y misteriosas acerca del evangelio? ¿Cuándo va a empezar a deleitarnos con todas las cosas complejas de la teología cristiana?».

Pablo no les dio nada de eso. Su enseñanza era muy sencilla, iba muy directamente al grano, era muy práctica, estaba muy centrada en Cristo, muy centrada en la muerte de Cristo. ¿Por qué fue necesaria? ¿Qué logró la muerte de Cristo? ¿Qué logró la resurrección? ¿Qué significaba tener a Cristo en la vida de uno?, y todo lo demás. Cosas muy sencillas, y cómo podían aplicarlas para vivir una buena vida. Y estas personas que eran… incluso los corintios que provenían de aquel mundo sofisticado y orientado al conocimiento, decían: «Hombre, estamos decepcionados. Queremos que nos devuelvan el dinero».

Verán, así que ahora Pablo les responde por escrito y dice: «Saben, amigos, quiero que entiendan esto. Cuando fui a ustedes, cuando llegué a ustedes, hermanos, no fui con elocuencia ni sabiduría superior al proclamarles el testimonio acerca de Dios, pues me propuse no saber nada mientras estaba entre ustedes, excepto a Jesucristo, y a Él crucificado».

Pablo tomó una decisión muy firme: no iba a hacer… a predicar esas cosas intelectuales. Iba a presentarse ante ellos únicamente con lo básico y sustancioso, y nada más. Les daría lo auténtico acerca del cristianismo, porque quería ganarlos, romper su dependencia del intelecto.

Porque, hermanos y hermanas, el intelecto es magnífico, pero eso no es… Muchas personas muy sofisticadas y sumamente instruidas pueden decirles eso mientras se sientan todos los días en el diván de sus psiquiatras, padeciendo toda clase de ansiedades, familias rotas, miseria, depresión, miedo a la muerte, toda clase de heridas del pasado que todavía sangran, dificultades en sus relaciones, ira, frustración, miedo al futuro, miedo al presente, tristeza por el pasado; y todo el dinero del mundo, todo el intelecto del mundo, toda la religión del mundo… Van a la iglesia los domingos, muchas de ellas, a veces a iglesias muy sofisticadas, con grandes órganos y mucha parafernalia, pero se marchan con la misma herida abierta, sangrando como al principio, porque la religión —verán—, la religión y el intelecto no pueden alcanzar esa parte del alma humana que solamente Jesucristo puede tocar; únicamente el espíritu llega al espíritu.

Lo mismo daría tratar de agarrar humo con la mano que tratar de alcanzar el alma con el intelecto. El alma es una sustancia espiritual que únicamente puede alcanzarse con energía espiritual, y no entendemos eso. Saben, dentro de nosotros hay un ámbito espiritual que es realmente lo que gobierna, lo que da sentido a todo lo que hacemos y pensamos. Así que necesitan realizar transacciones espirituales mediante el espíritu; no pueden pagar una transacción estadounidense con dinero francés. ¿Sí o no? Traten de ir a… y pagar con 10 pesos mexicanos; tienen que pagar con dinero estadounidense.

Cuando realizan transacciones en el ámbito del espíritu, las realizan en términos espirituales, con poder espiritual, con conocimiento espiritual, con el poder de Jesucristo. Cuando ministren a un alma, minístrenle con el poder del Espíritu Santo. Háblenle desde la sede del espíritu que hay en ustedes. Envíenle un proyectil espiritual y entenderá; aun cuando su intelecto se resista a ustedes, háblenle al espíritu, profeticen a su espíritu, háblenle en términos espirituales, porque eso es lo que permite que las personas lleguen al conocimiento salvador de Jesucristo. Rara vez, si acaso alguna, se llega al espíritu de una persona por medio del intelecto.

Creo en la apologética, creo en la sofisticación del evangelio y todo lo demás, pero sé que, si una persona no quiere creer, pueden lanzarle toda clase de proyectiles intelectuales y estos no penetrarán en su alma. Puede resistirse si quiere, pero vayan al espíritu. ¿Ven?

Y como iglesias tenemos que hacer eso. Tenemos que entenderlo. Es algo muy poderoso. Saben, podríamos pasar mucho tiempo hablando de esto. Les daré un ejemplo: el otro día estábamos visitando a una familia de la iglesia, y esa familia, ese matrimonio, invitó a su casera a almorzar, y también nos invitaron a nosotros, porque aquella persona necesitaba desesperadamente al Señor; había perdido a un par de hijos cuando eran adultos jóvenes, y aquella mujer estaba deprimida y destrozada de muchísimas maneras. Y, saben, nos sentamos a comer y empecé a hablarle acerca de Cristo y todo lo demás, pero había estado tan expuesta a otras religiones y a otros grupos, a otras sectas y a toda clase de religiones, que lo único que quería hacer era debatir conmigo. Y cada vez que yo intentaba hacerla entrar en una verdadera conversación espiritual, decía: «Bueno, los testigos de Jehová dicen esto, y este otro grupo dice aquello y, ya sabe…». Y yo podía sentir que realmente se resistía a lo que yo intentaba… Quería enredarme en una discusión intelectual, y a estas alturas he aprendido que no tengo tiempo para meterme en discusiones intelectuales, y realmente no deseo fomentar esa clase de actitud en ninguna persona con la que vaya a tener contacto como pastor.

Tenemos que animar a las personas a ser sencillas, a estar abiertas; aunque vayan a Harvard, aunque tengan un doctorado, háganse como niños. Miren, cultiven la semejanza a un niño y entrarán en el Reino de los Cielos. Jesús dijo: «A menos que se hagan como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos». Esta sociedad intelectual en la que vivimos necesita entender eso, y muchísimas iglesias excesivamente intelectuales también necesitan entenderlo. Tenemos que volver a la fuente del evangelio, que dice una y otra vez: «Cultiven justamente lo contrario». No se trata de volverse antiintelectual, sino de que el cristianismo es transintelectual, el cristianismo está más allá de lo intelectual, el cristianismo es muchísimo más elevado que el intelecto.

Si solo se ocupan del intelecto, realmente están infravalorando el cristianismo, le están haciendo un flaco favor. Así que se lo dije; en cierto momento le dije: «¿Sabe qué? Lo único que puedo decirle es que Jesús es el único que tiene las respuestas a sus problemas y necesidades. Lo que le sugiero es que venga a nuestra iglesia un domingo y escuche la Palabra, participe en… déjese envolver por la experiencia de adoración, conozca nuestra comunidad, y yo voy a confiar en que, si el Espíritu de Dios está allí, entonces el Espíritu de Dios le hablará. Usted parece ser una mujer con buen discernimiento crítico; venga y luego compare. Pero no voy a decirle que lo que tengo para ofrecer es mejor. No voy a empezar a denigrar otra religión ni a tratar de entrar en una contienda con usted. Venga y, si el Espíritu está allí, deje que le hable y vea qué sucede».

Así que, saben, mi sobrino, que también es pastor en la República Dominicana, también estaba allí con nosotros, junto con su esposa; y entonces, en cierto momento, saben, ellos estaban en la sala mientras yo hablaba con esta señora en el comedor, en la cocina. Así que la invité a entrar en la sala, donde estaba el resto de la familia, se la presenté y le dije: «Sabe, me gustaría orar por usted. Y vamos a orar por usted ahora mismo; todo lo que realmente podemos hacer es orar, y luego la invito a venir a la iglesia cuando quiera».

Bueno, ella se sentó en una silla, comenzamos a orar por ella y aquí es donde las cosas se ponen interesantes. Mi sobrino, que es un poco más pentecostal que yo, se acercó a ella y comenzó a hacerle algunas preguntas acerca de si había tenido alguna experiencia con lo demoníaco, con algún demonio en el pasado. Y yo dije: «¡Oh, Dios mío, este hombre la va a insultar! Va a pensar que él está diciendo que está endemoniada y esto y aquello, y se te va a ir, porque, saben, era una señora muy delicada». Y, saben, pero a estas alturas he aprendido que… verán, a estas alturas he aprendido que el mero hecho de que algo no le parezca razonable a mi intelecto no es necesariamente razón suficiente para rechazarlo. A estas alturas he aprendido que, incluso cuando a veces me retuerzo por dentro, tengo que contenerme, porque he visto a Dios obrar de maneras tan disparatadas en mi vida que, por el mero hecho de que algo parezca disparatado, incómodo y desalentador, no significa necesariamente que Dios no esté obrando allí.

A veces Dios necesita que personas alocadas y violentas se acerquen a alguien muy intelectual, le den una patada en el estómago y lo abran a la palabra de Dios. Y, bueno, él empezó a preguntarle y al principio ella dijo: «No, nunca he…», pero luego empezó a admitir: «Sí, lo hice; visité a un hechicero cuando mi hija se estaba muriendo de cáncer porque me habían dicho que esa era la única manera en que podía ser sanada». Y Johnny, mi sobrino, la guio en una oración de arrepentimiento y entonces, cuando empezamos a orar por ella, ¿saben qué pasó? Inmediatamente, una entidad demoníaca se manifestó en ella y esta mujer cayó al suelo.

Saben, a veces, cuando las personas están aquí en la iglesia y caen al suelo, uno puede decir: «Bueno, es que están siendo carismáticas». Pero esta mujer nunca antes había estado expuesta a una iglesia protestante ni a nada por el estilo. Ella no sabía nada de eso y probablemente se habría resistido si lo hubiera visto en la televisión o en algún otro lugar. Pero cayó al suelo, comenzó a expresar, a manifestar ciertas energías demoníacas y perdió por completo el conocimiento. Y entonces, cuando volvió en sí, cuando reprendimos y atamos ese espíritu, era una persona diferente. ¿Y saben qué? Ella es una de las primeras personas que veo los domingos cuando ahora llego a la iglesia para el servicio de las nueve de la mañana. Y no solo viene ella, sino que también trae a otras personas. Llega en su Mercedes, lo estaciona allí, entra y se sienta a escuchar la palabra de Dios.

Miren, lo que trato de decirles es que de eso se trata el cristianismo. Eso es lo que vemos en el primer siglo; eso es lo que vemos en el libro de los Hechos. Pero hemos convertido el cristianismo en algo tan sofisticado que lo hemos transformado en una cáscara, en una construcción artificial. Y Dios, en su misericordia, sí obra con nosotros, porque nos ama y porque ustedes reciben a Jesús; y aunque su Jesús sea un tanto más débil y diluido, sigue siendo Jesús, y habrá suficiente poder para sanarlos y hacer grandes cosas. Pero, hombre, si tuvieran la versión auténtica, la concentrada, cuánto más poderosa sería.

Si se les enseñara a procesar la energía del Espíritu, si se les enseñara cómo ir a la fuente, cómo moverse en el poder del Espíritu Santo, cómo recibir en nuestra vida el bautismo del Espíritu Santo, cómo realizar transacciones espirituales, sería… el cristianismo sería mucho más poderoso. Llevarían vidas espirituales mucho más exitosas, enérgicas e influyentes.

Y muchas veces lo que las personas reciben en sus iglesias es solo intelecto, doctrina. Es bueno, pero no es suficiente. La doctrina sin energía ni poder espiritual está tan muerta como los fariseos. Por eso Pablo dice, ya saben: «¿Dónde está el escriba de este mundo? ¿Dónde está el filósofo de este mundo?». Hablaba del escriba, de los escribas judíos, que conocían muchas Escrituras, pero no sabían ni una pizca acerca del poder de Dios. Y Jesús se lo dijo. Ya saben: ustedes niegan el poder de Dios.

Y así ven que, particularmente a lo largo de todo el Nuevo Testamento, todo tiene que ver con el poder. Todo tiene que ver con el poder. Tiene que ver con la energía espiritual, y oro para que el Señor renueve nuestra mente como creyentes a fin de que entendamos eso. Y vuelvo a decir que no tengo nada en contra del intelecto. Amo el intelecto, pero sé lo suficiente acerca de él como para saber que ya no me impresiona, y que mi pasión está en querer convertirme cada vez más en un depositario del poder de Dios, porque entonces todo lo demás encajará. Entonces Dios animará mi intelecto y lo hará mucho más poderoso de lo que sería si fuera mero intelecto.

Y eso es lo que Pablo dijo en otro pasaje. Dice que el hombre carnal, el hombre físico, el hombre mental, solo puede procesar la realidad a la que su mente le da acceso, es decir, la realidad física. Dice que el hombre espiritual juzga todas las cosas y él mismo no es juzgado por ninguna de ellas. ¿Ven lo que está diciendo?

Si lo que tienen es intelecto, entonces pueden juzgar el ámbito de la economía, de la biología, de la química, de la astronomía, de la física, porque todos esos ámbitos son accesibles al intelecto. Pero hay todo un ámbito del espíritu, de la naturaleza humana, de los elementos más profundos de la existencia humana que Dios constituyó cuando creó el universo, al que no se puede acceder solamente con la mente. Se necesita un intelecto iluminado que solo puede surgir cuando la luz de Cristo resplandece dentro de ustedes, cuando su energía nace dentro de ustedes y entonces palpita a través del intelecto. Así que ahora su capacidad intelectual deja de ser apenas una pequeña bombilla que brilla en medio de una cueva enorme; se convierte en un potente faro que penetra en los profundos recursos de la realidad.

Así que lo que buscamos es ese poder de Dios, porque mediante ese poder de Dios podemos entender cosas que sin él no podríamos entender. Cuando se mueven en el ámbito espiritual, pueden ser personas perspicaces tanto intelectual como espiritualmente. Pueden moverse cómodamente en ambos ámbitos, pueden pasar de uno al otro. Y, al mismo tiempo, no están subordinados ni sometidos al control de nada, porque son libres en Jesucristo. ¿Ven?

Así que todo esto es lo que está detrás… y mucho más, en este profundo pasaje del apóstol Pablo. Pablo era un intelectual sumamente desarrollado. Había asistido a la Harvard de su época. Había estudiado con Gamaliel, uno de los grandes, grandes escribas y fariseos de su tiempo, uno de los grandes maestros, uno de los grandes rabinos de su tiempo. Pablo probablemente era miembro del Sanedrín, el directorio de la religión judía, y uno tenía que ser muy sofisticado y contar con muchísimos estudios. Era ciudadano romano. Era un hombre de su tiempo. Era un hombre muy culto. Por eso el Señor lo escogió, porque tenía un corazón profundo y pasión por el Señor; pero Pablo sabía lo suficiente acerca del intelecto como para decir: «Saben, cuando fui a ustedes, decidí dejar todo eso… Me lo propuse». Vean, su intelecto era tan poderoso que tuvo que proponerse dejarlo a un lado y hablar en términos sencillos, a fin de dar a su pueblo el verdadero entendimiento que necesitaba conocer.

Y así dice: «Mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras sabias y persuasivas». Lo que quiere decir es palabras sabias y persuasivas según la manera en que los hombres consideran lo que es sabio y persuasivo. Sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no descansara en la sabiduría de los hombres, sino ¿en qué?, en el poder de Dios. ¿Ven?

Pablo probablemente fue en el poder del Espíritu, y probablemente sanó a la gente, probablemente liberó a personas que estaban atadas por Satanás bajo el poder demoníaco, y lo hizo; dice: «Saben, yo quería que vieran el poder de Dios en acción, en lugar de hacerlos adictos a la elocuencia y a la habilidad retórica». Así que les di exactamente lo contrario de lo que querían y esperaban de mí, a fin de entrenarlos, de hacer que fijaran la mirada en lo que es verdaderamente importante en la vida cristiana.

Así que, mis hermanos y mis hermanas, esto es importante. Anoche fui —y termino con esto—, anoche fui a ver una obra de teatro, «Hijos del Edén», una obra fascinante. La razón por la que fui a verla con mi esposa fue que una joven de esta iglesia era el personaje principal, la actriz principal, Rocío Valles. Por cierto, es una joven de calidad profesional; es estudiante de secundaria, pero está sumamente, sumamente dotada, y estuvimos con sus padres, mi esposa y un par de personas más de la iglesia y, saben, es una obra fascinante, si alguna vez tienen la oportunidad de verla. Y no tenemos tiempo para analizarla por completo, pero, en realidad, su esencia es la búsqueda del conocimiento, el orgullo racional de la humanidad y la lucha con Dios.

Ahora bien, lamentablemente esta obra fue escrita por una mente secular, lo cual, una vez más, permite darse cuenta de por qué la mente secular, con todo su intelecto y todos sus dones artísticos, no puede entender esto. Así que distorsionan a Dios, distorsionan la enseñanza de las Escrituras. Pero, aun así, es una obra de arte muy sofisticada y la disfruté por lo que es. La música era maravillosa y todo lo demás, pero la cuestión es que, cuando uno conoce las Escrituras, puede ver este drama aquí y verlo desde otro ángulo, desde otra perspectiva, y queda impresionado por esta sed de conocimiento que han tenido los seres humanos, cuando Dios les dijo a Adán y Eva: «No coman de ese fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal». El problema clave entre el hombre y Dios siempre ha girado en torno a la mente, al intelecto.

Miren, porque lo que hace el intelecto es crear en ustedes una capacidad crítica para mirarse críticamente, para separarse de sí mismos y verse a sí mismos. Los animales no tienen esa capacidad crítica para analizar la realidad, para tener esa habilidad de separarse a sí mismos a fin de convertir la realidad en objeto de análisis, en vez de estar meramente insertos por completo en ella, de modo que simplemente la viven y ella los vive a ustedes.

Pero, en cuanto al intelecto, lo que Dios no quería que Adán y Eva tuvieran en aquel momento era esa capacidad crítica para verse a sí mismos de esa manera desapegada que crea el intelecto. Y así, cuando Adán y Eva comieron de esa droga, su inocencia se disipó. Ya no se encontraban en una intimidad absoluta, perfecta y fluida con Dios. Ahora eran libres para analizar a Dios, analizarse a sí mismos y verse a sí mismos. De repente se dieron cuenta: «Oh, estoy desnudo», y eso no les gustó. Y eso es lo que hace la capacidad crítica: crea barreras, crea capas de división y separación; por eso tuvieron que vestirse y huyeron del mismo Dios con quien antes sencillamente podían estar en una intimidad absoluta.

Y eso creó toda una división en la estructura entera del universo. Separó al hombre de la naturaleza. Puso a la naturaleza contra sí misma. Puso al hombre contra la mujer. Lo volvió interiormente contra sí mismo. Porque toda separación tiene que ver con la división. Eso es lo que hace la razón. Y por eso Dios tiene algo en contra de ese elemento, porque el intelecto siempre ha hecho tropezar a la humanidad, siempre. Hizo tropezar al propio Satanás cuando era Lucifer y pensó que podía llegar a ser como Dios, y ese orgullo hizo que Dios lo expulsara.

Y gran parte de los pesares y problemas que padecemos en este mundo se deben a ese hecho: el deseo del hombre, o de la criatura, de tener el mismo tipo de conocimiento, el mismo tipo de entendimiento que Dios posee. Por eso Dios siempre tendrá algo en contra de ese orgullo intelectual. Y Dios siempre hará todo lo posible por matar ese orgullo, por quebrantarlo, por hacer que ustedes atraviesen una puerta muy baja para poder entrar en su presencia. Y siempre procurará humillar el intelecto de ustedes; y a menos que estén dispuestos a humillar su intelecto, a hacerse como niños y a creer todo lo que Dios diga, aunque sea escandaloso, alocado, estúpido o ridículo, créanlo de todos modos. Aunque todo su intelecto se rebele y grite como un niño pequeño, corrupto y malcriado, créanlo de todos modos, confiésenlo de todos modos. No importa lo que sea. Si la Palabra lo dice, yo lo creo, aunque mi intelecto diga: «Estás loco», porque he aprendido que en esa clase de postura hay paz, hay gozo, hay salud emocional, hay poder, hay cercanía a Dios, prosperidad, bendición y capacidad para bendecir a otros. Cuando me humillo a mí mismo y humillo mi intelecto, y sencillamente acojo la insensata revelación de Dios, todas las cosas que los hombres procuran encontrar mediante la sofisticación, la elegancia… el orgullo, Dios se las da en una vasija muy humilde, y podrán hallar plenitud.

Esto es lo que Jesús dijo: «El grano cae al suelo y da mucho fruto». A menos que caigan al suelo, a menos que humillen su intelecto, a menos que entren sin reservas en aquello que Dios los llama a hacer, permanecerán con todas sus divisiones, toda su ansiedad, todo su quebrantamiento. Si no se deciden a humillarse y hacerse como un niño que cree todo lo que sale de la boca de su padre, no entrarán en el misterio de la palabra de Dios.

Así que Pablo dice: acepten la insensatez del evangelio por encima de la sabiduría de los hombres. ¿Estoy logrando comunicarme? ¿Entienden lo que…? Esto es lo que Dios nos llama a hacer como iglesia. Ustedes, como jóvenes, vivan su vida —y las personas mayores que también están aquí; supongo que aquí tengo que hablarme a mí mismo—. Vivan su vida conforme al Espíritu. Deléitense en los misterios de la palabra de Dios y, a veces, saben, cuanto menos elegante, menos sofisticado y menos atractivo sea un fenómeno que Dios les ofrece, acójanlo aún más; humillen su intelecto, aprovechen toda oportunidad para humillar su intelecto.

Cuando estoy aquí de pie muchos domingos como pastor y veo todo tipo de cosas alocadas que suceden entre mi congregación de humildes trabajadores latinos, digo: «Gracias, Señor; humíllame más, humíllame todavía más», porque sé que en eso hay salud, hay gozo, hay paz. Nunca rechacen nada simplemente porque no venga en un envoltorio bonito. A veces, cuanto peor sea el envoltorio, más estará Dios en ello. Recuerden eso. Cuanto más feo, menos elegante, menos sofisticado, menos atractivo y menos agradable desde el punto de vista estético sea algo, a veces Dios estará detrás de ese fenómeno con una sonrisa traviesa, diciendo: «¿Te atreves a entrar en eso? Sería una gran bendición si lo hicieras». Los misterios del evangelio: eso es lo que Dios quiere que hagamos.

Esta cultura necesita que el intelecto sea humillado. Oro para que no nos resistamos, sino que sencillamente lo aceptemos y lo acojamos plenamente. Amén.

Pongámonos de pie por un momento. ¿Quieren ponerse de pie? Y oro para que esta noche digan: «Señor, sí acojo los misterios de tu fe». Recíbanlo ahora mismo, en el nombre de Jesús. Padre, me arrepiento de mi deseo de controlar las cosas, de que todo tenga sentido, de creer únicamente lo que mi intelecto es capaz de procesar.

Padre, te ruego que nuestra iglesia, nuestra comunidad, sea siempre una comunidad humilde, como un niño, capaz de entrar en tus misterios con un corazón humilde. Señor, te ruego que mi palabra dirigida a ti lleve esa impronta de tu Espíritu, de modo que, si algo no tuvo sentido, tú hagas que cobre sentido directamente en los corazones, las mentes y los espíritus de tu pueblo esta noche.

Padre, bendigo a esta congregación. Bendigo a cada uno de mis hermanos y hermanas que están aquí esta noche. Te ruego que esto los llene de energía. Llénalos de energía, Santo Espíritu de Dios, Santo Espíritu de Dios.

¿Por qué no pides ahora mismo, allí donde estás, tranquilamente, diciendo conmigo: «Espíritu Santo, entra en mi mente, entra en mi corazón. Visítame y toma el control. Esta noche someto mi intelecto a ti. Quiero ser una persona del Espíritu. Quiero habitar en el ámbito espiritual todos los días de mi vida. Quiero que tu energía habite y se mueva dentro de mí. Espíritu de Dios, sumérgeme, bautízame, lléname de tu energía. Gracias, Espíritu Santo. Recibo tu poder. Recibo tu bautismo en el nombre de Jesús. Amén».

Si estás dispuesto a creer que, al pedirle al Espíritu Santo de Dios que entre en tu vida, él ha entrado en tu vida, entonces habrá entrado en tu vida. Será verdad. Será real, y tu vida será transformada, tu vida será cambiada; y entonces te sugiero que comiences a esperar grandes obras de Dios en tu vida. Cuando vengas y adores al Señor, no tengas miedo de abrir la boca y hablar en una lengua nueva, si eso es lo que sientes, o de decir alguna palabrita tonta, humillar tu intelecto y hacer el ridículo. Eso es bueno.

Haz el ridículo. Aprovecha cada oportunidad. Esa es mi receta para ti esta semana. Haz el ridículo dos veces al día. ¿De acuerdo? Y humíllate ante el Dios vivo; y, al quebrantarte, Dios se asegurará de que, a través de cada ….. que se abra, su energía pase directamente al mundo exterior, y tú también podrás recibir algo de su energía en tu interior. Así que, Padre, queremos hacer el ridículo. Queremos vivir como necios el resto de nuestra vida. Jesús, queremos ser necios por ti, Señor. Queremos honrarte con humildad, con extrema humildad, Señor, para que tu Espíritu pueda poseernos. Gracias, Jesús. Gracias, Señor. Amén. Dios los bendiga. Amén.